domingo, junio 19, 2016

Gravel, la revolución que viene

Gravel, la revolución que viene
(Publicado en el número 10 de la revista Ziklo)
La industria de la bicicleta está en permanente evolución. Las novedades van surgiendo de tal forma que el mercado no es capaz de asimilar todo lo que va surgiendo, y únicamente aquellas novedades que se convierten en imprescindibles se mantienen en el mercado. Yo creo que con las bicicletas de gravel estamos ante uno de esos fenómenos. Algo que llega al universo de la bicicleta para quedarse.

Ziklo es una revista de ciclismo de carretera, pero como ya hemos insinuado varias veces, es una revista para amantes del ciclismo, y a la vez gente inquieta con ganas de experimentar nuevas sensaciones. Imaginad poder multiplicar las opciones de rutas por descubrir incluso al lado de casa.

Las bicicletas de gravel me resultaban muy sugerentes pero no había tenido oportunidad de probarlas. Conceptualmente, el hecho de poder ampliar nuestra red habitual de carreteras con las pistas de tierra es muy atractivo y abre todo un mundo de posibilidades. Todo ello con el mismo tipo de manillar que en la carretera, con unas cubiertas más anchas, sin la suspensión delantera y con los frenos de disco. Básicamente se trata del mismo concepto que el ciclocross, sólo que el ciclocross yo lo relaciono con la competición y el gravel lo asocio con menos competición y más disfrute. Competición significa también más control sobre el material, límites a los anchos de cubierta, manillares, etc. Las bicicletas de gravel ofrecen múltiples posibilidades en cuanto a material. Además, por supuesto, vienen preparadas para poder llevar alforjas y poder así convertir una salida en bicicleta en un viaje de aventura con todo el equipaje necesario.

Viviendo en Barcelona, la bici de gravel me parece una gran oportunidad de huir del tráfico de una gran ciudad, con una gran red de pistas ciclables especialmente en Collserola, la sierra montañosa que delimita Barcelona. Por cierto que últimamente nuestros políticos quieren limitar las actividades deportivas de gran formato en este pulmón barcelonés. Collserola tiene una infinidad de pistas no asfaltadas que ofrecen innumerables opciónes al ciclista de BTT y ahora también al ciclista de gravel.

Precisamente estaba yo planteándome las bondades de las bicis gravel, cuando surgió la invitación del Sportful Gravel day, una jornada de reencuentro con los amigos de Sportful, en la que también íbamos a poder probar algunas prendas de su ya mítica gama Fiandre, especialmente adecuada para los días lluviosos de primavera.

A partir de ahí contactamos con Finna Barcelona para poder probar una de sus preciosas Finna Landscape. Una bicicleta que no tiene nada que envidiar a una flaca, con un manillar de carretera de forma curiosa. Se nota que Finna Barcelona procede de la generación de las bicicletas urbanas y las fixies, donde la estética prima, y de qué manera. Yo no tengo demasiados conocimientos técnicos, no os hablaré de detalles que no conozco en profundidad y que podría copiar de un catálogo. Sólo os diré que la bici que Finna Barcelona nos ofreció esteticamente es una preciosidad como podéis ver en las fotos, manillar exageradamente abierto que le da un aire diferente. Su cuadro de acero aleado con Cromo y Molibdeno está especialmente diseñado para soportar altas cargas de peso. En estos tiempos en que reina el carbono estos cuadros ya no son muy frecuentes, pero aquí tiene todo su sentido. Un peso total de poco más de 11 kg que no está nada mal.

Y una vez en el ajo, ¿qué tal se comporta la bici? Bueno, os puedo decir que en el recorrido de poco más de 60 km que nos montó Sportful, descubrí que el gravel se trataba de ir por pista no asfaltada con rueda más gorda a la misma velocidad que con la bicicleta de carretera! Bromas aparte, hay que decir que efectivamente un neumático más grueso no penaliza en exceso el rendimiento. Si uno compara los tiempos hechos con la gravel respecto a la de carretera, son muy similares. Por tanto eso son muy buenas noticias.

Barcelona al fondo
Puesto que el recorrido que hicimos era básicamente llano, quise probar la Finna Landscape en un terreno más abrupto y la sometí a más presión en Collserola. Subidas pronunciadas, bajadas técnicas, alguna trialera y el resultado fue espectacular. En ningún momento eché en falta la suspensión delantera. La horquilla rígida se lo tragaba todo y la bici se comportaba como una campeona. Mucho mas cómoda, eso sí, en las pistas anchas, donde uno se puede agarrar a la parte inferior del manillar, aunque la posición natural en este tipo de bicis sería en las manetas, con los frenos siempre cerca, que en pista no asfaltada nunca se sabe lo que te puedes encontrar. Hablando de los frenos, lógicamente el freno de disco tiene un rendimiento espectacular cuando estás acostumbrado al freno de pastilla en la carretera. Después de la ya famosa carta de Fran Ventoso y la suspensión de los frenos de disco en competición su implantación en la carretera será más lenta, pero a mi juicio acabará ganando. Si hablamos de frenar, no hay color.

En resumen, el gravel es una tendencia que creo que tiene mucho recorrido. Polivalencia, seguridad, estética, robustez, son algunas de sus armas. El tiempo nos dirá si finalmente gana la batalla.

lunes, marzo 28, 2016

Castillos Cátaros, viñedos... y Galamus

Cicloturismo Castillos Cataros
Chateau de Queribus (Foto Sergi Ros)
(Publicado en el n.9 de la revista Ziklo. Fotos: Sergi Ros de Mora (www.rosdemora.com

La zona norte de los Pirineos orientales es una zona relativamente poco conocida a nivel cicloturista. Desde luego mucho menos conocida que otras partes de los Pirineos centrales.

Personalmente es a final de temporada cuando suelo acercarme al Sur de Francia, principalmente a la región del Audé, a descubrir nuevas rutas y carreteras. Nunca me defrauda. Siempre encuentro carreteras solitarias, buen asfalto, mucho sol, a veces un poco de aire, viñedos y castillos. Francia es un paraíso para el cicloturista, y en especial esta zona que linda con Catalunya, una gran desconocida para muchos de nosotros, precisamente por su proximidad. Es sitio de paso en nuestros viajes para los Alpes, e incluso para ir al Ventoux, pero muy pocas veces es el destino de nuestras salidas en sí mismo.

Y sin embargo tiene mucho que ofrecer. Este artículo simplemente pretende ofrecer algunas pinceladas, algunas pistas, de todo lo que se puede visitar, y que resulta muy interesante a nivel cultural y a nivel también ciclista.

Cicloturismo Castillos Cátaros
Chateau du Peyrepertouse (Foto Sergi Ros)
Los Castillos Cátaros han sido siempre motivo de curiosidad para mí. Empezando por el más lejano Castillo de Montségur, que se alza en la cima de una roca llamada Pog, a 1207 metros de altitud. Montségur es el más importante de los castillos cátaros y el lugar mítico donde el año 1244 murieron 255 cátaros que se refugiaban allí y que prefirieron morir quemados antes que abjurar de sus creencias. La subida a Montsegur se puede hacer por la vertiente este (por Fougax-et-Barrineuf ) o por la vertiente noroeste (Montferrier), ambas muy interesantes, con la imponente presencia de la roca Pog que parece inaccesible.

Ver los Castillos Cátaros (y no cátaros) en lo alto de peñascos imposibles es una constante en la zona de Maury. Uno junto a otro, es muy facil diseñar una etapa en la que subamos todos ellos. Peyrepertouse, Puilaurens y Queribus, todos muy próximos entre sí, son castillos espectaculares que todavía impresionan más cuando uno sube las durisimas rampas que llevan hacia ellos. Peyrepertouse, a 800 metros de altitud, es el castillo más espectacular con dos fortificaciones unidas por unos restos de piedras y malezas, se extiende mas de 300 metros de longitud. Los acantilados que protegen el castillo son impresionantes. Muy cerca se encuentra el castillo de Queribus, también con terribles rampas para acceder a él. Sus orígenes se remontan al S XI. Queribus fue frontera entre los reinos de Francia y de Aragón, y punto estratégico de control de la zona. El Castillo es muy visible, a lo lejos, desde la carretera D-117 y está perfectamente mimetizado con el entorno y en lo alto de un peñón, a 730 metros de altitud. El castillo de Puilaurens se sitúa a 697 metros de altitud en la cima del Monte Ardu. La subida al castillo son 3,5 km a una media del 5%, pero en dos fases muy diferenciadas. La primera muy suave, bordeando la montaña, y la segunda se empina de verdad en claro ascenso hacia la zona de aparcamiento, desde donde se puede subir al castillo en aproximadamente media hora de caminata.

Dos castillos cátaros más, un poco más lejanos, completan los seis castillos cátaros más famosos. Se trata del Castillo de Puivert, éste sí a pie de carretera y que no supone un gran reto llegar hasta él. El otro castillo es el de Lastours, que en realidad se trata de un conjunto medieval con diversas constucciones anexas, cuatro castillos en concreto. Lastours, sin embargo, está un poco más distante, al norte de Carcassone (podeis consultar el mapa adjunto donde se sitúan los castillos cátaros más importantes).

Todas las ciudadelas y Castillos Cátaros
Como se puede apreciar en el mapa adjunto, existen muchos más castillos, ciudadelas y fortificaciones que forman parte de la historia de los cátaros (los “hombres buenos”). En mi penúltima visita a la zona visité el interesante y hasta entonces desconocido para mí Chateaux d'Aguilar, muy cerca de Tuchan, y de paso subir uno de los monstruos de la zona. Una de esas típicas carreteras que nos gustan tanto, con rampas durísimas y que conducen a una antena. No hay mucho más. Se trata del Mont Tauch. Tremenda subida hasta los 900 metros después de 8 kilómetros a un 9% de desnivel medio, con rampas máximas que llegan al 20%. Tremendo, para amantes de las emociones fuertes. Y con un asfalto bastante deteriorado que notamos especialmente de regreso a Tuchan. Personalmente, y a pesar de bajar muy despacio, pinché en la bajada de esa carretera inhóspita... Se me ocurrió pensar que como pellizcase la cámara me esperaba una buena caminata hasta encontrar algún rastro de civilización...

Obviamente, la visita a Carcassone (capital del Departamento del Aude) es obligada si nos estamos moviendo por la zona. La ciudadela medieval de Carcassone y sus callejuelas son un verdadero regalo para aquellos que disfrutan de la historia medieval o simplemente para quienes saben apreciar la belleza antigua. Con sus 26 torres y sus dos murallas que suman más de 3 kilómetros de longitud, la Ciudad (Cité) medieval de Carcassone fue declarada Patrimonio dela Humanidad por la UNESCO en el año 1997. Está catalogada como Grand site national, y su castillo y murallas como Monumento histórico por el estado francés, siendo uno de los centros turísticos más visitados de Francia.

Existe otro pueblo que es realmente curioso de visitar, muy cerca de Quillan. Se trata de Rennes le Chateaux. Este pequeño pueblo ha recibido gran cantidad de turismo, asociado casi siempre a lo paranormal y lo esotérico, debido a una leyenda moderna sobre el antiguo párroco Bérenger Saunière. Gracias al éxito del libro de Dan Brown El código da Vinci, ese interés no ha hecho sino aumentar ya que el argumento de esta novela tiene numerosas conexiones con la leyenda del párroco de Rennes. La leyenda cuenta que el párroco Bérenger Saunière (1852-1917) habría encontrado un tesoro secreto en uno de los pilares del altar de la iglesia mientras llevaba a cabo una reforma de la misma. Al mismo tiempo que el cura descubrió el secreto oculto en la iglesia, su nivel de vida se disparó, y financió una serie de peculiares construcciones en el pueblo, tales como la Torre Magdala -dedicada a María Magdalena-, así como la reconstrucción de la iglesia parroquial.

Ya véis que las posibilidades turísticas son múltiples, pero también las posiblicidades cicloturistas. Acercarnos a Carcassone ofrece la posibilidad de intentar la dura subida al Pic de Nore (de 1200 metros de altitud, e incluida en el reto BIG). Subida dura con una antena de televisión en la cima, visible desde muchos kilómetros alrededor. Por su vertiente sur son 25,5 kilómetros, nada despreciable. Desde luego vale la pena, y tambien su cara norte que empieza en Mazamet, localidad natal de Laurant Jalabert. En la aproximación sur del Pic de Nore se halla la Cueva de Cabrespine, otro lugar en el que merece la pena detenerse.

Otro puerto muy interesante en la zona es Mont Sant Louis. Cómo no, fue Angel Morales quien me descubrió este curioso puerto, no exento de dureza, pero característico por su nudo de corbata (una curva de 270 grados con un pequeño túnel). Incluir Mont Sant Louis en el recorrido que hagamos por la zona de l'Aude nos garantiza unas vistas magníficas sobre la montaña rocosa llamada Pech de Bugarach. Espectacular.

Cicloturismo Gorges de Galamus
Gorges de Galamus, impresionante (Foto Sergi Ros)
Pero si tengo que quedarme con un sólo sitio de toda esta zona yo elijo las Gorges de Galamus. Se trata de la carretera que va de Sain Paul de Fenouillet y Cubieres sur Cinoble. Un desfiladero impresionante, fruto del trabajo erosivo del río Agly. Un trozo de carretera de apenas dos kilómetros escarbado en la montaña, con el río al lado, allí abajo. No me extenderé demasiado en explicar la sensación cuando uno circula por las Gorges de Galamus. Simplemente observad las fotos de Sergi y disfrutad. O todavía mejor, acercaros a conocerlas en primera persona.

De momento ya hemos localizado unos cuantos destinos interesantes. No sólo a nivel cultural sino también cicloturista, puesto que como decía antes, todos los castillos cátaros sin excepción se hallan estratégicamente ubicados en la cima de una escarpada colina.

A partir de todos estos mimbres hay que fabricar un buen cesto. Como cualquier viaje, una parte importante del mismo es la preparación. Situar en el mapa exactamente los principales puntos que queremos visitar, unirlos entre sí, confeccionar una etapa con el kilometraje que consideremos oportuno. Para mí ese momento de hacer la ruta, contar los kilometros, meter los puertos, es un momento mágico, lo disfruto al máximo. El único problema es que en muchas ocasiones quiero meter demasiadas cosas en una sola etapa y se me va de kilómetros o de dureza...


Aquí os propongo mi ruta. No es posible hacer todo lo que he citado de una sola vez. En esta etapa que os propongo, en 145 kilómetros he intentado incluir unos cuantos Castillos Cátaros, Mont Sant Louis y, sobre todo, las Gorges de Galamus, espectaculares. Solamente echad un vistazo a las fotos y seguro que mas pronto que tarde os decidiréis a visitar todas estas maravillas.

A disfrutar!!

miércoles, diciembre 16, 2015

Pico de las Nieves en Gran Canaria, el reto

En la cima del Pico de las Nieves después de 45 km de ascensión
Yo ya había estado pedaleando es las islas Canarias. Viví un tiempo en Tenerife donde subí a la base del Teide por algunas de sus vertientes. Más tarde estuve en La Palma para conseguir uno de los mayores retos que he hecho en mi vida, subir al Roque de los Muchachos, a 2400 metros de altitud desde el nivel del mar.

Tenía que volver a las Canarias a subir el Pico de las Nives, el que es proclamado por los organizadores de la Vuelta a Maspalomas como el puerto más duro de Europa. Mi amigo Jordi Escrihuela ya me advirtió que eso era subir un par de listones la dureza de la carretera más alta de Gran Canaria. Sin duda es un reto exigente, pero existen bastantes subidas europeas que la superan en dureza. No hace falta ser la más dura de Europa para que sea objeto de peregrinación. Sencillamente es que en invierno no tiene competencia. Si quieres emociones fuertes sobre la bici de carretera, en esa época del año tienes que venir a las Islas Canarias.

Poco antes de llegar a la Degollada de las Yeguas
Existen diferentes vertientes por las que subir al Pico o Pozo de las Nieves, a 1984 metros de altitud, la carretera más alta de la isla de Gran Canaria. Las posibilidades son muy numerosas puesto que se pueden entrelazar carreteras y conseguir multitud de variantes, pero estas son las más claras:
  • Vertiente de Telde. Quizás la ascensión más clásica al Pico. Asciende por Valsequillo, Tenteniguada y Vega de San Mateo, con tramos muy continuados a más de 11%.
  • Vertiente de Maspalomas. La zona más turística de la isla, en el sur, supone una aproximación realmente larga al Pico de las Nieves. Nada menos que 45 kilómetros para llegar desde el nivel del mar al Pico de la Nieves. Un desnivel medio del 4%, aunque hay tramos muy irregulares. Luego lo describiré con detalle puesto que es la vertiente que yo subí.
  • Vertiente de Ingenio-La Pasadilla.
    Esta es la vertiente que se sube en la ascensión al Pico de las Nieves que sirve como colofón a la Vuelta a Maspalomas que cada año se celebra a principios de Diciembre. Una vertiente durísma, especialmente el tramo que va desde La Pasadilla hasta Cazadores. Los números de ese tramo lo dicen todo: 5 km con un desnivel medio de más del 10%, con un kilómetro entero al 15%. Acojonante
  • Vertiente de Presa del Parralilo. Esta vertiente, para mí desconocida, la sugirió Jordi Rubio, uno de los mayores aventureros que conozco en busca de puertos duros por todo el mundo. Si lo dice Jordi, hay que investigar.
 En mi caso, estando en Maspalomas, escogi subir por la vertiente sur, especialmente porque no estaba muy convencido de mis propias fuerzas. La mejor ruta para no subir y bajar por el mismo lado es la ruta circular de unos 100 km que incluye las vertientes de Ingenio y Maspalomas. Por dónde subas y por dónde bajes es cosa de cada uno. Saber que en el tramo llano que lleva de Maspalomas a Ingenio sopla aire en contra, me hizo decidir por hacer la ruta en sentido contrario. En el mes de Diciembre hacer 100 km, con una dura subida a 2000 metros hace que tu cerebro te recuerde que se trata de disfrutar, no de llevar el cuerpo al límite.

Alquilé la bicicleta a Cyclo Canarias, un negocio en Maspalomas de un austríaco afincado en la isla. Servicio profesional, bicicletas en perfecto estado y un buen número de ellas en stock. Después de recoger la bici por la tarde (una Scott Solace chulísima con un curiosísimo sistema de freno trasero justo detrás del pedalier) ya estaba dispuesto a madrugar al día siguiente e iniciar mi aventura personal de estas minivacaciones.

Curvas espectaculares antes de San Bartolomé
Podemos considerar esta larguísima subida por su vertiente de Maspalomas en 3 tramos diferenciados.

El primer tramo va de Maspalomas hasta San Bartolomé de Tirajana, 23,2 km con un desnivel de 1150 metros, a un desnivel medio del 4%, aunque al encontrarnos con dos bajadas intermedias, el desnivel real es muy superior. Este tramo pasa por el Mirador Degollada de las Yeguas, de parada obligada, y luego por Arteara y Fataga.

El segundo tramo es el que va desde San Bartolomé de Tirajana hasta el cruce de Ayacata. En él se sube durante 11 kilometros para salvar 470 metros, con tramos espectaculares como el Paso de la Herradura.

El último tramo es el que se inicia en el cruce de Ayacata y llega hasta el Pico de las Nieves, 11 kilometros finales para salvar los 616 metros de desnivel restantes.

Aquí tenéis el enlace al segmento de Strava para que lo podáis analizar con todo detalle:
https://www.strava.com/activities/446571726/segments/10735694518

En mi caso, sólo iniciar la subida en Maspalomas me atrapó un tipo con una bici exactamente igual que la mía, tambien de Cyclo Canaria. Llevábamos un ritmo muy parecido, así que subimos mucho rato juntos. Subir un puerto así en compañía es de agradecer, los kilómetros pasan mucho más rápido. Luego, gracias al Flyby de Strava puedes poner nombre a los compañeros de ruta que has ido encontrando por el camino.

Con este chico holandés subimos hasta Ayacata, donde él tuvo que dar la vuelta. La parte principal de la escalada estaba hecha, solo faltaba culminarla. Es fantastico ascender a casi 2000 metros en pleno mes de Diciembre, a pesar de que el día no era especialmente caluroso (unos 10 grados al llegar a la cima).

El regreso, como había previsto, lo hago por la empinada vertiente de La Pasadilla e Ingenio. Allí, en su tramo duro, encuentro algunos compañeros parados recuperando fuerzas. Hay algunas curvas impresionantes, con rampas superiores al 20%. Una vez en Ingenio se baja hasta Carrizal y desde allí ya por terreno llano (y con viento a favor) se llega de nuevo a Maspalomas. Una vuelta de 100 kilometros dificilmente superable. Fantastica etapa, buen clima, carreteras perfectas... ¿qué más se puede pedir?


lunes, noviembre 30, 2015

Gastronomía y ciclismo en el País Vasco

Gastronomy & Cycling tour Basque Country
Pedaleando entre viñedos (Foto Andoni Epelde)
(Publicado en el n. 8 de la revista Ziklo)
Nos apasiona el ciclismo. En nuestro anterior editorial decíamos que nuestra experiencia nos hace mezclar cada vez más nuestra visión ciclista con otra, diferente, mucho más turística.
La bicicleta como manera de descubrir el territorio y como manera de conocer la cultura y las singularidades de un pueblo.

El País Vasco es un destino preciado para los amantes de la gastronomía, y se muestra como la gran potencia gastronómica en el panorama español con seis restaurantes colocados entre los 100 mejores del mundo: A los clásicos Arzak, Mugaritz o Martín Berasategui, se únen Nerua, Azurmendi y Etxebarri (todos en Vizcaya). Todo un récord.

Pero en el País Vasco también encontramos los mejores restaurantes de pintxos del mundo. Ir de pintxos por lo viejo en San Sebastián es una experiencia que nadie con una mínima inquietud gastronómica y cultural debiera perderse (aunque el bolsillo pueda sufrirlo un poco). No queda todo ahí. También debiera ser obligado el paso por las clásicas sidrerías, o los más modernos "Txacolindeguis", con menús auténticos y genuinos.

El pasado verano tuvimos ocasión de acompañar a descubrir el País Vasco a un grupo de norteamericanos. Un grupo genial, de gente viajada, pero al mismo tiempo ansiosa por conocer nuevas culturas, nuevas realidades. Un grupo en el que el nivel ciclista era algo secundario. Un grupo en el que el viaje en sí, la gastronomía y la cultura vasca, y el compartirlo con amigos era la principal misión. Para nuestra forma de ver el cicloturismo, en ocasiones demasiado competitiva, era un grupo nuevo, diferente a lo que estamos acostumbrados. Recibir a un grupo de gente extranjera y convivir con ellos es también una forma de viajar. Compartir experiencias (ciclistas o no), conocer de primera mano otros países. Muy enriquecedor, sin duda.

En un viaje corto pudimos mostrar a nuestros visitantes una selección de las mejores rutas que el País Vasco y La Rioja (en nuestro caso nos centramos en territorio alavés) pueden ofrecer. Buenas rutas pero también los buenos hoteles y buenos restaurantes.

Gastronomy & Cycling tour Basque Country
Paisajes espectaculares (Foto Andoni Epelde)
Nuestro punto de encuentro y al mismo tiempo punto de partida fue Hondarribia. Un clásico donde empezar o terminar un Transpirenaica, y también un destino turístico en sí mismo. La primera tarde/noche significó una toma de contacto con el grupo, cada uno explicó sus experiencias ciclistas diversas, por América, parte de Europa y algunos triatlones (incluso Ironman) en su haber. Más tarde, descubrir los pinchos en la parte vieja de San Sebastián fue una excelente manera de que el grupo conectara y las distancias se acortaran entre todos.

La primera etapa fue básicamente costera en su inicio y con territorio vasco-francés como protagonista. La corniche y luego las ascensiones a St. Ignace, alucinaron al ver Le Train de la Rhune (un auténtico tren de cremallera de colección, que data de 1924), y Lizarrieta (tambien conocido como Palomeras), una subida ya considerable que nos dejaba en la frontera con Navarra.

Un recorrido duro y rompepiernas que tuvo como colofón la subida a Jaizkibel, una verdadera joya como la mayoría de vosotros ya sabéis, sea por haberlo subido o sea por haber visto las imágenes de la clásica de San Sebastián. Es un verdadero orgullo mostrar a nuestros visitantes la belleza y dureza de Jaizkibel en un día espléndido en el que las vistas fueron espectaculares. Especialmente desde el mirador, donde se ve la frontera natural de España con Francia mediante el rio Bidasoa y una maravillosa vista de montañas, caserios, prados.. .

Gastronomy & Cycling tour Basque Country
Carreteras solitarias... (Foto Andoni Epelde)
En nuestra segunda etapa conocimos carreteras magníficas y solitarias entre viñedos. Pero para empezar y dar el salto al interior ascendimos un puerto espectacular como Urbasa. Sus magníficas vistas panorámicas en su primera parte y la impresionante llanura con la que corona el puerto dejan huella. El recorrido seguía entre Navarra y Alava, con unas tranquilísimas carreteras rodeadas de viñedos para, por el puerto de La Aldea y La Población, dirigirnos a Laguardia. Final de agosto y septiembre es la época ideal para poder pedalear en esa zona. La uva estaba casi a punto de ser recogida y las viñas lucían espléndidas. De nuevo el tiempo nos acompañó, y esto, cuando toca hacer de anfitrión, es una ayuda fundamental para que todo vaya bien.

De nuestra estancia en Laguardia quiero destacar el excelente hotel Villa de Laguardia. Con dos restaurantes temáticos que hicieron la delicia de nuestros exigentes visitantes.
También destacable su casco viejo donde pudimos disfrutar de "unos buenos riojas" en alguna de las vinotecas locales. Totalmente recomendable también la visita a una de las bodegas, donde pudimos aprender algo más sobre la elaboración del vino y sobre las variedades de uva.
La experiencia riojana se completó con un partido de pelota vasca en el frontón del pueblo. Algo tan tradicional y tan sencillo que a alguien venido de fuera le pareció una rareza autóctona.

La siguiente etapa transcurría de nuevo entre viñedos, con el aliciente de uno de los puertos de montaña que es de paso obligado para cualquier cicloturista que se acerque a esta zona: La Herrera, el balcón de la Rioja. Un puerto espectacular, exigente, y al mismo tiempo con unas vistas imponentes. Desde allí, por Peñacerrada, fuimos a Rivas del Tereso y a partir de ahí, festival de viñedos. Carreteras solitarias en las que uno de sus alicientes fue la visita de las Bodegas de Marques de Riscal, en Elciego, con el llamativo hotel diseñado por Frank Gehry .

En este corto pero intenso periplo por el País Vasco también ofrecimos a nuestros visitantes un recorrido por Navarra en el que pudieran apreciar la soledad de las carreteras y la frondosidad de los bosques navarros. Una etapa de traslado (el viaje finalizaba en Pamplona) de nuevo entre carreteras solitarias pero con unos paisajes totalmente diferentes a los días anteriores. Campos verdes, bosques, pueblos cuidados... fue el día que más les gustó visualmente. Aizkorbe y Orokieta fueron las tachuelas que propusimos para quemar unas cuantas calorías y así poder comer después sin remordimientos.

Gastronomy & Cycling tour Basque Country
Final de trayecto en Venta de Ultzama
El final de fiesta fue la subida al puerto de Belate. Un puerto otrora repleto de coches y camiones, punto de paso obligado hacia Pamplona. Con la apertura del tunel de Belate la carretera quedó semidesértica y el excelente hotel/restaurante que se ubica en la cima (Venta de Ulzama), ha pasado a ser el destino de los pocos coches que circulan. Excelente gastronomía y excelentes paisajes. Muy recomendable.

En fin, un grupo diferente, equidistante entre el cicloturismo, el enoturismo y lo gastronómico. Una fantástica manera de reunir un grupo de amigos sobre la bici y delante de un mantel. El ciclismo, por una vez, fue un elemento más, no el único protagonista. Y tengo que reconocer que la experiencia fue extraordinaria y enriquecedora. Si os sentís tentados de vivir una experiencia similar, Ziklo os lo pone fácil. ¿Os animáis?

miércoles, noviembre 25, 2015

La Ruta del Cister, a caballo entre Lleida y Tarragona

(Publicado en el n.6 de la revista Ziklo. Fotos: Andoni Epelde)

El Monasterio de Vallbona de les Monges, al fondo
Hay localizaciones que a priori no parecen grandes destinos ciclistas. Lugares con poca población, no demasiado turísticos. Pero precisamente por eso deberían estar entre nuestros favoritos.

Estamos a caballo de tres comarcas catalanas de las menos pobladas: en la provincia de Lérida, Urgell que tiene el Monasterio de Santa María de Vallbona; y en la provincia de Tarragona, la Conca de Barberá donde se encuentra Santa María de Poblet (que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), y el Alt Camp con el monasterio de Santes Creus.

La denominación Ruta del Císter fue ideada en 1989 con la fin de potenciar el turismo en estas tres comarcas catalanas. Desde los monasterios, se puede llegar fácilmente a diferentes lugares con una gran riqueza en arquitectura, gastronomía y artesanía.

También a nivel ciclista se ha sacado partido a esta marca turística reconocida que ya es la Ruta del Cister. La conocida franquicia Pedales del mundo tiene en este destino su “Pedals del Cister” que sigue en la linea de recorridos exigentes y buenos servicios Lógicamente el excursionismo es otro mercado al cual también se dirige la Ruta del Cister, puesto que caminar por el GR175 y unir los tres monasterios que hemos citado antes supone un bonito reto.

A nivel de ciclismo de carretera recuerdo haber participado a finales de los 90 en una marcha llamada, cómo no, “La Ruta dels Monestirs”, organizada por la Agrupació Ciclista Veterans provincial de Reus. Esa marcha , que salía y llegaba a Reus, tenía nada menos que 160 km.
También durante muchos años se disputó (precisamente este año ha dejado de celebrarse después de 18 años ininterrumpidos) la “Marxa Racons de la Conca, desde Rocafort de Queralt

Nosotros nos instalamos en el Balneario de Rocallaura, un hotel de 4 estrellas con unos servicios inmejorables que nos servía de base para hacer dos etapas, hacer unas cuantas fotos y descubrir una zona que, aunque no está lejos de Barcelona (hora y media aproximadamente), era una gran desconocida para muchos de nosotros.


La primera de la etapas, cómo no, os proponemos que sea la ruta que une los 3 Monasterios, pero no la alargaremos tanto como los amigos de Reus, en solo 113 kilometros podremos pedir que nos sellen nuestro paso por cada uno de los Monasterios. Se trata de un recorrido no demasiado montañoso, aunque en absoluto llano. Durante muchos kilometros circularemos por pistas asfaltadas y carreteras sin pintar que resultan ideales para disfrutar de la bicicleta.

La principal dificultad orográfica es el Coll de l'Illa, siempre con mucho tráfico y que si disponemos de tiempo y fuerzas suficientes sería recomendable evitar, aunque sin duda es la vía más directa para acceder al Monestir de Santes Creus.
 

La segunda de las etapas pretende rebuscar entre las múltiples carreteras solitarias de esa zona para ubicar un recorrido de paisajes espectaculares y subidas considerables. Ya la subida al Castillo de Fores es exigente y preciosa, pero en este sentido, para mi fue todo un descubrimiento el Puerto de Prades (ojo, absolutamente recomendable.subirlo por L'Espluga de Francolí, con muchas vistas y unas curvas de paella espectaculares)

El Balneario de Rocallaura
Esta puede ser una buena escapada de fin de semana, aprovechar para hacer las dos rutas que aquí os presentamos y disfrutar en el Balneario de Rocallaura donde su famosa agua, sus baños termales y sus tratamientos os pondrán en forma para pedalear con más fuerza!


viernes, abril 17, 2015

Tailandia, un mundo diferente

Ciclismo en Tailandia
En el Triángulo de Oro
Un viaje a Tailandia es mucho más que ciclismo. Mis artículos suelen tener un único objetivo, sembrar una semilla de ilusión en quien los lee y que un día pedalees donde yo lo hice. Esto es especialmente así en un viaje como éste. Yo nunca había ido tan lejos. Nunca me había sentido tan distante de donde nací. No por los 10.000 kilometros, sino por las diferencias tan abismales entre nuestra cultura y la de allá.

Chiang Mai, Chiang Rai, Doi Mae Salong, El Triángulo de Oro, el Mekong, Kanchanaburi, Chatuchak, Ayyutayah, Sukothai... Son nombres que, con sólo oirlos, nos prometen aventuras, descubrimientos, vida. Budas gigantescos en las montañas me atraían desde hace tiempo como un imán. Me sugieren paz, exotismo, diferencias. Hay viajes que marcan, más allá de la bicicleta, y éste es uno de ellos.

Tailandia lo tiene todo: buen clima, precios económicos, historia antigua, restos arqueológicos, gente trabajadora y amable. No es únicamente sol y playa. De eso ya tenemos por aquí. Se trata de un país muy montañoso en el norte con subidas que harían las delicias de cualquier escalador europeo. Tailandia es en la actualidad el décimo país del mundo que recibe más turistas. Ya sabéis, ese ranking que encabeza nuestra vecina Francia y donde España aparece en tercera posición, tras EEUU.

Leí en alguna revista australiana que Chiang Mai se convertirá con el tiempo en la Girona asiática. Buen clima garantizado todo el año, terreno duro para dar y regalar, buenas carreteras, paisajes espectaculares. Una localización ideal para los profesionales del ciclismo, donde entrenar con buena temperatura mientras el frío aprieta en el norte de Europa o en Norteamérica.

Para llegar a Tailandia nos esperan dieciocho horas de viaje (contando una rapidísima escala en Moscú) que sumadas a las seis horas de cambio horario completan un día entero de traslado. Un día y ya estamos en Bangkok, la capital tailandesa.

1er día: Regreso al verano.
Ciclismo en Tailandia
¿Qué coño pone aquí?
Dejo la península ibérica con el frío de enero. Puro invierno. Llego a Bangkok con más de 30 grados. Regreso al verano. Esta es la mejor época para viajar a Tailandia, en invierno, la estación seca. Desde abril hasta julio tienen el verano, con más calor todavía, y de Agosto a Noviembre la estación de lluvias, donde recogen agua para todo el año, con lluvias diarias aunque no significa que sean permanentes. Una vez en Bangkok, de nuevo a coger el avión hacia el norte del país, destino Chiang Mai, la segunda ciudad más poblada de Tailandia después de la gigantesca Bangkok, con más de 12 millones de habitantes.

El menú ciclista de la primera etapa (jet lag y cansancio del viaje incluido) transcurría por el clásico bucle de Samoeng. Una ruta desde Chiang Mai, circular, preciosa y muy dura que tiene su punto culminante en el bosque de Samoeng. Para llegar ahí nos enfrentamos a una subida larguísima que sube a repechones. No me extraña que la bici que he alquilado venga con un 34-32. Es terreno para ponerlo durante bastantes kilómetros. Una vez de regreso a Chiang Mai, con más de 100 km en las piernas, me quedo con las ganas de subir a Doi Suthep, la subida más cercana a Chiang Mai. Pero el estado de forma en el mes de Enero no es lo suficientemente bueno como para incluir también esta subida en el programa. Doi Suthep queda con Doi Inthanon (la montaña más alta de Tailanda, a no demasiados kilómetros de Chiang Mai) en la libreta de subidas pendientes.

2º día: Buenas carreteras... pero por la izquierda.
Las comunicaciones en Tailandia son... diferentes. Los tópicos hablan de las motos con tres ocupantes o más y sin casco y de los tuk tuk. Es un viaje en el que alquilar un coche resulta complicado por el lenguaje y por la conducción de los tailandeses. Lo de menos es que circulen por la izquierda, a eso uno se acostumbra rápido. El tráfico en Bangkok es absolutamente caótico, pero en el norte no tengo la sensación de que sea especialmente difícil. Las carreteras por las que circulamos se hallan perfectamente asfaltadas y solo algunos tramos están en obras, como ocurre en cualquier lado.

La etapa que nos esperaba el segundo día salía desde Tambon Mae Chedi, una localidad muy turística con aguas termales y géisers. Cabe destacar que el turismo predominante en Tailandia es el turismo chino, un turismo que por cierto no es demasiado del agrado de los tailandeses. De la misma manera que nosotros sufrimos la colonización de los americanos, ellos sufren la colonización de los chinos... El lugar de destino de esa etapa, después de recorrer 81 km fue Phayao, un pueblecito precioso junto a un lago, pero sin excesivo turismo. En el trayecto, nos detuvimos a ver las cascadas de Tan Tong, una de tantas que podemos admirar en Tailandia, aunque con poca agua al encontrarnos en esta época del año en la estación seca.

Avituallamiento tailandés
3er día: Avituallamientos con “sticky rice”
El tailandés es un pueblo en el que la comida está siempre presente. Son incontables los restaurantes callejeros donde uno puede comer por unos precios irrisorios un plato de fideos de arroz o fideos de judías, con bolas de carne o de marisco, o el típico arroz, base de la gastronomía tailandesa. Incluso en los poblados más pequeños encontramos sitios donde comer, tenderetes donde comprar fruta, pinchos de pollo o de cerdo, pequeñas tiendas donde poder comprar agua embotellada (allí ni los locales beben agua del grifo). La única precaución con la comida es que no pongan picante puesto que ellos están muy acostumbrados pero no todos somos capaces de soportarlo.

Nuestra etapa de hoy será Phayao-Templo Blanco-Chiang Rai. Sin excesivas complicaciones orográficas, pero una etapa larga que el calor hace dura. Afortunadamente tenemos nuestra furgoneta de seguimiento con unos avituallamientos muy especiales: nada de barritas energéticas, sino comida tailandesa recién comprada en el mercado a base de arroz, leche de coco y fruta. A destacar el sticky rice (arroz pegado) que los tailandeses usan como el pan. El arroz es la base de la comida tailandesa: abundante, barato y energético.

Ciclismo en Tailandia
En el Templo Blanco
Durante la etapa pasamos junto a dos de esos puntos que son de parada obligada, el Gran Buda Chino (donde precisamente se estaba celebrando una carrera de BTT, hay que decir que sin demasiada participación) y el Templo Blanco (Wat Rong Khun), un templo contemporáneo no convencional Budista e Hinduista, diseñado por Don Chalermchai Kositpipat cuya construcción empezó en 1997 y está todavía inacabada, lo que no es óbice para que sea lugar de peregrinaje de turistas.

El mercado nocturno de Chiang Rai cerró el día y es una de esas cosas que no se olvidan fácilmente. Un mercado nocturno, con música en directo, con todo lo que puedas imaginar en un mercado callejero asiático.

4º día. Buda y el Rey, intocables.
Son los dos grandes referentes para el pueblo tailandés. El Budismo es la religión mayoritaria en un 95% y su lema es “Sanuk, Sabai y Saduak” que traducida significa ” sé feliz, permanece sereno, conténtate con aquello que la vida te ofrece”. Circular por las carreteras tailandesas es sinónimo de pasar junto a gigantescas imágenes de Buda y templos dedicados a él. Entrar en un templo budista, siempre abierto a todo el mundo, significa descalzarse y rezar en cualquier momento de cualquier día, no tiene por qué ser domingo. Los monjes budistas, ataviados con cabezas rapadas y sus escuetos vestidos de color azafrán, forman parte del paisaje urbano y rural en todo el país.

Ciclismo en Tailandia
Doi Tung, vistas espectaculares
En cuanto a la monarquía, el Rey de Tailandia (Rama IX, Bhumibol Adulyadej) es venerado por su pueblo. Fue proclamado rey el año 1946, y hoy, ya con 81 años, y con un delicado estado de salud sigue siendo la gran referencia de un país que honra la monarquía y que no permite la más mínima falta de respeto a su rey. Lamentablemente, su hijo el príncipe no goza de la misma reputación que el Rey.
La etapa de hoy es Chiang Rai-Doi Tung. Una etapa principalmente llana en la que de nuevo nos acompañará el buen tiempo y que destacaría por los inmensos campos de arroz que atravesamos mientras nos acercábamos a Mae Sai con la montaña de Doi Tung presidiendo los campos (una montaña curiosísima que vista desde el valle parece una mujer embarazada)

Doi Tung es una residencia vacacional de los Reyes de Tailandia, un lugar que ha servido para dinamizar el turismo en la zona y al mismo tiempo para apartar el tradicional negocio del norte de Tailandia: el cultivo del Opio.

5º día La eterna sonrisa.
Tailandia es un pueblo amable y sonriente. En ningún momento te sientes amenazado ni inseguro. Es un país que sabe que depende del turismo y sabe tratar a sus visitantes. Uno no percibe una extrema pobreza, percibe un pueblo humilde, pero con una buena educación. Todos los niños van uniformados, ves a los niños de los colegios realizando actividades, visitando templos...

Un puesto de fruta en un pueblo remoto
En el recorrido que hicimos en esta etapa, desde Mae Sai hasta Chiang Kong, con 105 km, nos detuvimos a hacer una foto con el gran Buda dorado del “Golden Triangle”, el Triángulo de Oro. Impresionante escultura ante la que es imposible no retratarse. Mi foto con la bicicleta a los pies del gran Buda dorado es uno de mis recuerdos preferidos de todo el viaje a Tailandia.
Tras una etapa principalmente llana siguiendo el río Mekong llegamos al pueblo fronterizo de Chiang Kong. Estamos en la frontera con Birmania y muy cerca de la frontera con Laos. Se trata del triángulo de Oro, famoso hace unos años por el cultivo y tráfico de Opio y una zona que estaba en manos de los traficantes de esta hierba. Hoy, después de una decidida apuesta por el turismo eso ya ha quedado atrás.

6º día Precauciones en un país remoto.
Viajar a Tailandia supone una serie de precauciones. Hay que vacunarse de las fiebres tifoideas, de la Hepatitis B y C, de la rabia (numerosos perros de nula vacunación sueltos en las aldeas) y del tétanos. A nivel sanitario es importante atenerse a las recomendaciones alimenticias de los médicos para evitar problemas como el que tuvo uno de nuestros acompañantes, con colitis y deshidratación. Mejor si evitamos comprobar cómo funciona el sistema sanitario tailandés. Ninguna queja, por cierto.

Posiblemente la sexta etapa de este día fue la etapa más exigente de todo el recorrido y es la que nos llevó desde Chiang Kong hasta Chiang Kham. 135 kilómetros muy exigentes. Quisiera poder deciros que montañas subimos pero el terreno era tan agreste, tan desconocido, tan solitario, que ni siquiera en Strava hay segmentos con el nombre de las subidas. Terribles rampas en las que apenas conseguíamos avanzar se sucedían. Muchos kilómetros ascendiendo a media ladera de unas montañas muy verdes con unas impresionantes vistas sobre el valle. Perdidos en medio de la nada con aldeas minúsculas que aparecen en medio de la montaña. Finalizamos la etapa en un hotel rural idílico junto a una cascada en otro paraje remoto. Otra experiencia para recordar.

7º día El dedo que toca el cielo
Ciclismo en Tailandia
Phu Chi Fa, mítico
El último día de bicicleta suponía uno de los retos más importantes, la subida a Phu Chi Fa, que significa “El dedo que toca el cielo”. Una montaña con una forma muy singular justo en la frontera con Laos, destino de numerosos turistas que se acercan a este recóndito lugar en autocares para observar la salida o la puesta de sol, ya que la panorámica que ofrece es sencillamente inigualable. Phu Chi Fa es una de esas subidas larguísimas a través de carreteras solitarias que merece ser disfrutada en la medida que se puede disfrutar un puerto de más de 30 kilómetros con un final muy muy exigente. Nulo tráfico, aldeas perdidas en medio de la montaña, magnífica panorámica... Otro día para disfrutar de un ciclismo diferente.

Tras finalizar estos días de ciclismo, cómo no, hay que probar el masaje tailandés, otro de los tópicos. Recibir un masaje tailandés, más allá de los prejuicios, es algo que nadie debería evitar en un viaje a Tailandia, una experiencia terapéutica y placentera ( ¿o no tanto?). El masaje tailandés es la expresión más antigua de la medicina en Tailandia, y se considera la experiencia curativa por excelencia.

Después de 7 días de cicloturismo total por el Norte de Tailandia las vacaciones aún dan tiempo para muchas más cosas. También sobre la bicicleta aunque de manera diferente. Visitar los magníficos templos de Ayutthaya, antigua capital del Reino de Siam, destruidos y quemados por los Birmanos en el siglo XIII, es un viaje al pasado donde uno imagina el esplendor del antiguo imperio. Circular en bicicleta por Ayutthaya, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, visitar todos sus templos, los impresionantes Wat Phra Sri Sanphet y Wat Chai Watthanaram, es una experiencia para recordar. Y después, llegar hasta el mercado flotante de Ayutthaya.
Ciclismo en Tailandia
Pedaleando en Bagkok con Spice Roads
Bangkok es inmensa, caótica, de contrastes, en un atasco permanente. Describirla en un párrafo es imposible, pero la experiencia, de nuevo, de descubrirla en bicicleta, hace de Bangkok una ciudad más cercana. Se puede cruzar en barca el Chao Phraya y pedalear por la jungla de Bang Kra Jao, una zona que no ha sido todavía explotada y sobreocupada como la mayoría de zonas de la capital. Entrar un domingo en el mercado de Jatujak (el mercado al aire libre más grande de toda Asia) es otra experiencia sociológica que nadie que visite Tailandia debería perderse.

Pasamos unos días también en Kanchanaburi, donde el famoso “Puente sobre el río Kwai”, una parte importante de la historia de la segunda guerra mundial que fue retratada en la famosa película de David Lean en 1957. Kanchanaburi también ofrece la posibilidad de visitar el Tiger Temple o de montar en elefante.

Todo lo que prometía un viaje como éste se queda corto ante lo vivido. Uno vuelve enamorado del país y de su gente. Esta vez la bicicleta no ha sido el objetivo principal del viaje, ha sido un medio para conocer lugares que de otra forma no habría podido descubrir. Gracias a la bicicleta he llegado a lugares recónditos y remotos.

No hay mejor manera de conocer un país que montado sobre una bicicleta.

jueves, febrero 12, 2015

La carretera más bonita de Catalunya

Costa Brava road Cycling
Una imagen vale más que mil palabras (Foto Antxon Epelde)

(Publicado en el n.4 de la revista Ziklo)
No conocía a Jon. Colaboro en su revista desde hace muchos años y hemos labrado una buena amistad a golpe de correo electrónico y buena voluntad. Decidimos por fin encontrarnos en mi terreno y una escapada a Catalunya resultó ser una excelente excusa para trabajar, para rodar y para hacer algunas fotos, con lo que también vino Antxon. Jugando en casa no me costó demasiado encontrar el mejor lugar para quedar y mostrarle lo privilegiados que somos los catalanes. Tenemos mar, montaña, buen clima todo el año, un paraíso cicloturista.

Una carretera espectacular
El lugar de encuentro fue el Balneario Vichy Catalan, en Caldes de Malavella. Un entorno fantástico, un edificio histórico, una localidad termal con una ubicación privilegiada: cerca de la Costa Brava, cerca de Girona, cerca del Montseny, con el aeropuerto muy próximo... Todo esto está muy bien, pero es que además salir en bicicleta desde ahí ofrece una serie de opciones maravillosas. Les Gavarres, Montseny y, sobre todo, la carretera de Tossa de Mar a Sant Feliu de Guixols.

No sé si es cierto que es la carretera más de Catalunya. En cualquier caso es algo subjetivo pero para mí, si no lo es, debería estar cerca. La Costa Brava es un lugar mágico. Y en esa carretera podemos disfrutar de kilómetros de costa escarpada con vistas impresionantes sobre el normalmente tranquilo Mar Mediterrráneo. Dos factores juegan a su favor: se puede rodar en ella todo el año (algo de lo que no pueden presumir las carreteras de montaña del pirineo catalán) y el tráfico en ella es, contra lo que pueda parecer, muy escaso. ¿Más? El asfalto está perfecto y los quitamiedos junto a la carretera son de madera, a juego con el entorno. Es una carretera muy especial. Incluso los días de mucho viento se disfruta más de la atmósfera clara y las vistas sobre el mar. ¿Se nota que me gusta?

Costa Brava road cycling by Montefusco CyclingLa masificación del turismo afortunadamente no ha llegado ahí, las construcciones de hoteles y apartamentos y la turoperación turística a lo bestia se concentra en Lloret de Mar. Tossa de Mar ya es diferente, más tranquilo, familiar, me encanta su castillo y sus playas. Y de repente, cuando empieza la carretera que une Tossa de Mar con Sant Feliu de Guixols parece que toda la masificación se convierte en tranquilidad, en aire puro, en pinar mediterráneo junto al acantilado. 25 kilómetros de curvas y contracurvas con el mar al lado, pequeñas calas que se esconden y miradores que aparecen. Esta parte de la Costa Brava está protegida. Existen algunas construcciones, pero nada que ver con lo que hemos dejado atrás. Es el paraíso cicloturista.

No la tengo tan cerca, debo ir en coche cada vez que quiero rodar ahí y sentirme un privilegiado.
Además, manías mías, siempre la hago así, en este sentido norte. Será porque circular junto al acantilado te permite mejores vistas todavía. Entre gustos no hay nada escrito.

Costa Brava road cycling
Al fondo, el castillo de Tossa de Mar
Mientras yo les explicaba el recorrido a Jon y a Antxon, y les hablaba de la mejor carretera de Catalunya, notaba su escepticismo frente a mi pasión. Especialmente Antxon, que ha fotografiado miles de paisajes espectaculares. Una vez llegamos al destino no hace falta que Antxon reconozca que yo tenía razón. Basta ver cómo a cada momento nos pide detenernos y regresar sobre nuestros pasos para una serie de fotos. Continuamente. No hace falta que me lo diga. Hoy le toca trabajar duro: subir a la furgoneta, escalar la montaña unos metros, buscar el mejor ángulo para conseguir la mejor perspectiva. El resultado lo tenéis en vuestras manos.

De repente, en Sant Feliu de Guixols regresa la masificación, que continúa por Platja d'Aro y sigue dirección norte. Se acabó el paraíso, vuelta a la cruda realidad. Para ser honestos, hay que decir que únicamente en verano es realmente incómodo moverse por estas poblaciones eminentemente turísticas. Otoño, invierno y primavera aún es posible circular sin excesivos agobios. Eso sí, la carretera junto a los acantilados se ha terminado.

Los complementos y las variantes de esta carretera son múltiples, con lo que se pueden componer numerosos recorridos. En el recorrido que monté para Jon y Antxon complementé la carretera de Tossa a San Feliu con un par de subidas en la montañosa zona vecina de Les Gavarres. Un verdadero oasis de buenas carreteras y poco tráfico incluso en pleno verano. Las subidas a La Ganga y Santa Pellaia son carreteras estrechas, reviradas, serpenteantes, rodeadas de bosque, ideales, en fin para rodar en bicicleta.

Costa Brava road cycling by Montefusco Cycling
Los ciclistas, entre la inmensidad de mar y el bosque
¿Sois más de retos? Ningún problema, también podríamos combinar la carretera más bonita de Catalunya con un alto de primera categoría (catalogado así generosamente en alguna Setmana Catalana o Volta a Catalunya) como el Alto de Sant Grau, que une nuestra famosa carretera con la localidad de Llagostera. ¿Retos todavía más duros? Aquí los tenemos también. ¿Sabéis que el kilómetro más duro de toda Catalunya se encuentra justo aquí mismo? El Alt de Mas Nou, una carreterita que desde Platja d'Aro lleva al Golf d'Aro, y que fue final de etapa en numerosas Voltas a Catalunya en los años 70 y 80, sólo fijaros en los nombres de sus ganadores para saber si hace falta ser buen escalador para ganar aquí: 1974 Bernard Thevenet, 1975 (Giovanni Battaglin), 1976 (José Enrique Cima), 1977(Johan de Muynck), 1978 (Francesco Moser), 1979 (Jourdan), 1980 (Johan Van de Velde) y 1997 (Fernando Escartín).

Costa Brava road cycling by Montefusco CyclingSon 1,4 km a una media del 14,2%, y el kilómetro en cuestión tiene un desnivel medio del 15,2% con un desnivel máximo del 24% (Datos de APM). Ahí queda eso para el que quiera ponerse a prueba.

En nuestro caso, ya al final de temporada, me llevé a Jon por La Ganga y Santa Pellaia, subidas preciosas más tranquilas rodeadas de bosque sin esos desniveles. Después de 110 kilómetros regresábamos al Balneario Vichy Catalan en Caldes de Malavella para disfrutar al rato de sus circuitos termales y sus masajes, un gran complemento para la actividad ciclista, y poco después una espléndida cena en el restaurante del hotel. Allí nos pudimos reunir, por fin, una importante representación de Ziklo en Catalunya con Jordi Escrihuela y Sergi Ros. Una cena repleta de anécdotas, planes de futuro, también recuerdos, puertos subidos y por subir. Una cena larguísima que se hizo muy corta.

Un día soleado, una magnífica compañía, un hotel espléndido, un recorrido sin apenas tráfico y la mejor carretera de Catalunya. ¿Qué más se puede pedir?