sábado, diciembre 19, 2009

Malbun, el castillo del príncipe, el túnel y la estación de esquí.




(Publicado en el número 33 de la revista Pedalier, fotografías Sergi Ros)
Un país diminuto con 160 km2 de superficie y 35.000 habitantes. Eso es Liechtenstein, un país históricamente dependiente de Austria pero desde 1936 mucho más próximo políticamente a Suiza, hasta el punto que la moneda oficial del país es el franco suizo. Son los dos países con los que limita este pequeño principado.

En el viaje que hicimos al sur de Alemania tuvimos la oportunidad de acercarnos a Liechtenstein, atraídos porque habíamos leído referencias de la subida a Malbun desde la capital, Vaduz y también atraídos por completar de un plumazo todas las subidas importantes de Liechtenstein. Malbun (a 1.604 metros) es la estación de esquí de este pequeño país. Ofrece la posibilidad de subir un desnivel de 1.141 metros en 14 kilómetros, empezando en Schaan (450 m.) Significa un porcentaje medio del 8,1%, superior al de Alpe d’Huez, que sube el mismo desnivel en 16 kilometros.

Resulta curioso que al otro lado del valle exista otra subida a la que se otorga el mismo nombe, pero en este caso en Suiza, empezando en la localidad de Buchs. Vale la pena tenerlo en cuenta y no confundirnos. También conocida como Buchser Berg, se trata de una subida muy dura de 10,4 km al 9,2% y es perfectamente posible hacer una tras otra.

Ni siquiera a principios de Julio, el tiempo en Europa nos asegura un poquito de sol. El día que decidimos subir a conocer la subida a Malbun el tiempo no auguraba nada bueno, pero cuando uno está a 1.200 kilómetros de casa, no sabe nunca si va a regresar. O sea que había que arriesgarse a un buen remojón. Y la verdad es que, a pesar de todo, valió la pena.

La localización de la subida a Malbun no es difícil, siempre que sepas que la dirección a seguir es la del Castillo donde reside el Príncipe de Liechtenstein. O sea que las indicaciones en Vaduz hacia Malbun son nulas y, sin embargo, las indicaciones hacia el castillo (Schloss) son numerosas, es imposible extraviarse. Si esta carretera está cerrada, para subir a Malbun será necesario utilizar una de las dos carreteras alternativas, una en la salida de Vaduz dirección Coire, o la otra desde Triesen.

El Castillo es muy visible desde abajo y se alcanza apenas en tres kilómetros, tras un par de curvas con adoquines “a lo San Gottardo“ (qué ganas le tengo a éste!). El día era horrible. Poco después de pasar por el castillo empieza una zona de tupido bosque, que por lo menos impide que me moje mucho. Por un lado pensaba que que me iba a perder las vistas del castillo desde arriba, que al parecer son preciosas. Por otra parte, tenía la esperanza de que al subir bastante arriba, pudiera atravesar las nubes y que en lo más alto pudiera lucir el sol y así tener una buena vista del mar de nubes y quizás del valle.

Es día laborable y estoy sólo en la carretera. Durante un momento me asusto y pienso que esos carteles en alemán deben significar que está prohibido el paso. De pronto, a mitad de subida, me encuentro con un largo túnel practicamente en llano y al final del mismo veo otro ciclista y a Sergi esperandome para hacer las fotos. Eso me deja más tranquilo, cuando ya me imaginaba en el cuartelillo de la Polizei, perdiendo el vuelo de vuelta. El túnel es espectacular, perfectamente forrado e impermeabilizado. Al atravesarlo pensaba en el viejo túnel de Viella que he atravesado tantas veces en marcha de La Bonaigua y que ahora, por fin, con la apertura del nuevo túnel ya no tendremos que atravesar más. Húmedo y claustrofóbico túnel que nada tiene que ver con éste. Como suele ocurrir a la salida del túnel y el consiguiente cambio de vertiente, el tiempo mejora ostensiblemente (bueno, mejora o empeora, pero pocas veces sales como cuando entraste). Por fin me desprendo del chubasquero y me empiezo a sentir más cómodo. A menos de un kilómetro de la salida del tunel entramos en Steg (1300m), el último pueblo antes de la estación de Malbun.

Como sospechaba la visibilidad es casi nula, ni rastro del castillo desde arriba y unicamente cuando atravesamos una importante niebla empieza a verse algo del Valle del Rin, así como las construcciones típicas austríacas y suizas. Pienso que las vistas son preciosas, pero no me quiero imaginar esto un día soleado. Debe ser espectacular. La carretera es ancha y perfectamente señalizada, pero hay numerosos desvíos que dirigen a los caseríos en mitad de la montaña. Uno de ellos anuncia un espectacular 24% junto a casa singular. La carretera no deja de ofrecer alicientes, naturales y artificiales.

Finalmente, llegamos a la estación de esquí en un momento que aparece ante nosotros un grandioso anfiteatro alpino donde hay una estación de esquí con dos telesillas y cuatro telesquíes, que dan acceso a 21 kilómetros de pistas poco complicadas. En verano, la extensa red de caminos para excursiones de montaña alrededor de Malbun nos lleva a una naturaleza idílica casi virgen. Gracias a su topografía, es un auténtico paraíso para ciclistas de montaña con un sinnúmero de single trails y caminos técnicamente difíciles.

Una subida diferente, con personalidad propia y con muchos alicientes. Pero si tengo la más mínima posibilidad de volver, lo haré. Tengo la certeza de que las nubes me quitaron algo grandioso.

jueves, octubre 22, 2009

Reunión del BIG en Oberstdorf: subidas de ensueño y una pesadilla


(Publicado en el n.32 de la revista Pedalier)
El encuentro oficial del BIG se celebra anualmente y reúne a los miembros de este reto cicloescalador, consistente en subir en bicicleta las 1000 subidas que componen su Superlista. En la actualidad cuenta con casi 2500 miembros afiliados, de los que unos 150 son españoles.

De forma organizada es la octava edición en que se celebra. Pero este es un encuentro singular. La filosofía del BIG y de estos encuentros es muy diferente a lo que estamos acostumbrados en España. La idea es ofrecer la máxima libertad a los participantes. Los niveles son muy diversos y por tanto la organización es muy flexible, decide marcar unas horas aproximadas de salida y de llegada a la cima de cada puerto para hacer las fotos de rigor. Hay que decir que aquí cada uno va a su ritmo y se monta la película como quiere. Por ejemplo, el grupo húngaro, liderado por el incansable Gabor Györgyi, únicamente lo veíamos en el desayuno, y luego ellos hacían un tour parecido al nuestro pero no idéntico, y luego se presentaban a a la hora fijada en la cima del puerto para hacer las fotos.

Yo ya asistí el año pasado al encuentro anual en Flandes, un encuentro muy numeroso en el que además tuvimos un tiempo espléndido. Este año las fechas, a principio de julio, no me convenían en exceso, pero la proximidad de Oberstdorf al aeropuerto de Memmingern, donde llega Ryanair, me hizo decidirme. Este año también hubo una buena participación, de más de cincuenta personas en total, aunque cada etapa tenía altas y bajas en función de los planes individuales de cada cual. De España ibamos tres miembros: Xavi Cossials (que también acudió el año pasado), Xavi Joya (fichaje de de este año) y yo mismo. La mayoría de asistentes eran belgas (no en vano el presidente y fundador del BIG Daniel Gobert es belga), pero había muchos italianos, algunos holandeses, varios franceses, el ya citado grupo húngaro, un rumano... Una verdadera torre de babel con el inglés y el francés como lenguas más utilizadas, aunque el italiano también se escuchaba con frecuencia. Las tertulias por la noche, con una cerveza por medio se convertían en un batiburillo de idiomas. En un momento dado, me sorprendí hablando en francés... cómo es posible, si yo nunca aprendí francés!!

Cabe decir que el encuentro oficial no es el único momento del año en que se encuentran estos locos de las cumbres europeas. Los otros encuentros no oficiales se han bautizado como "cruces de caminos". Por ejemplo este próximo mes de Septiembre hay un cruce de caminos en Liguria para subir un montón de puertos en la costa ligur italiana.

¿Por qué el encuentro se realizó en Oberstdorf y no en otro sitio? A nadie se le escapa que Oberstdorf es el punto inicial de una subida que nos presentó en Pedalier hace muy poco Angel Morales: el Nebelhorn. El motivo final de la reunión es el monstruo. Sin embargo, la idea de hacerlo en esta región de Allgau también se debía a otras razones, como es el hecho de que es un punto muy céntrico a nivel europeo (considerando también el boom de miembros que se están apuntando al reto desde la Europa del Este). Al mismo tiempo, con la base en esta localidad se podían alcanzar numerosos objetivos en Alemania, Austria, Suiza e incluso Liechtenstein, como finalemente ocurrió.

La llegada el viernes al albergue de juventud de Oberstdorf fue un poco deprimente, puesto que sólo llegar cayó un chaparrón tremendo, poco después de sacar las bicis de las cajas y montarlas. La mayoría de asistentes llegó la noche anterior a Elmen, desde donde el viernes se hizo una primera etapa de 108 km en la que se subían Hochtannberg Pass (1675 m.) y Hanntennjoch (1894 m.). Nos cuentan que por la mañana también se mojaron y la verdad es que para los próximos días las previsiones meteorológicas eran muy malas, para qué nos vamos a engañar. Me meto en la cama pensando en que no me voy a quitar el chubasquero en un par de días.

Pero, para empezar, tenemos sorpresa el sábado y el tiempo no sólo parece que nos respetará sino que incluso disfrutaremos de un sol espléndido. La primera subida del día es Allgauer Berghof, una subida muy bonita por una estrecha pista asfaltada, con tramos realmente duros, sobre todo en su parte final. Alguno de los que subieron vio un 25% de desnivel en su ciclocomputador... Al tratarse de nuestra primera subida con el grupo, a pesar de que esto es todo lo contrario a una competición, los más competitivos se aprietan todo lo que pueden. Por una vez creo que voy a llegar el primero, pero finalmente el belga Rafael me pone en mi sitio. Estos belgas, como puede ser que les guste tanto escalar...

De regreso hacia el albergue, tomamos el desvió en la localidad de Fischen im Allgau para subir el Riedbergpass. El principio no es especialmente duro, pero en un momento dado vemos un cartel de tráfico de 4 kilómetros al 16%. Como suele ocurrir no es exactamente así, aunque no anda lejos del todo. Entre estas pendientes y las que hemos subido antes, me alegro profundamente de haber traído el triple plato. El compac aquí podría resultar insuficiente... Arriba nos hacemos una de las fotos de grupo más multitudinarias y poco después decidimos comer algo en una estación de esquí cercana.

Los españolitos, no satisfechos con lo hecho, por la tarde decidimos acercarnos a conocer el Nebelhorn. A pesar de que intentamos buscar aliados, nadie se apunta al reto. Todos esperan al martes, día oficial para subirlo con el resto de miembros del BIG. Lástima que no sabían que el tiempo no les iba a respetar, y hay que pensar que el factor climatológico es vital para plantearse la subida al monstruo. No intentaré resumir nuestra ascensión al Nebelhorn en un breve párrafo puesto que merece un artículo largo o quizás un libro. Solamente os diré que subirlo en bicicleta de carretera, ni con triple plato, es imposible. De cualquier forma, aún subiendo tres kilómetros a pie con la bici al lado, lo considero una de las mejores experiencias que he vivido sobre la bicicleta. Solamente por ver esta subida inhumana, y la recompensa de su paisaje en la cima, vale la pensa intentarlo.

Después de los 3 BIGs (con el remate de Nebelhorn), obviamente llegamos tarde a la cena del albergue, por lo que decidimos regalarnos una cena como Dios manda en una pizzeria de Oberstdorf. El único inconveniente fue que nos perdimos un concurso que había planteado la organización, cuyos premios eran productos típicos de cada uno de los países asistentes, que cada uno había traído desde casa. No hace falta decir cuál era la temática del concurso: puertos, puertos, puertos. Llegamos cuando el concurso ha finalizado y unicamente a tiempo de asistir al briefing presentando la etapa del día siguiente. Cuando explicamos nuestra experiencia se abre un encendido debate, inagotable, sobre la conveniencia o no de que Nebelhorn esté en la lista.

El segundo día para nosotros (tercero para una parte del grupo), domingo, es un disloque. En el menú tenemos las subidas a 3 puertos. En primer lugar la subida a Oberjoch, puerto fronterizo entre Alemania y Austria y posteriormente, ya en Austria, Berwang y Erwahlder Alm. Esta etapa se estructura de una forma un tanto curiosa: subimos con los coches hasta Oberjoch, bajamos hasta la base del puerto y lo volvemos a subir en bicicleta. A continuación volvemos a coger los coches y continuamos por Austria en dirección a Reutte, donde dejamos los coches y podremos atacar las otras dos ascensiones previstas en el día.

Allí, una celebración dominical hace que una parte de la caravana de coches quede colapsada en Reutte, por lo que una buena parte cogerá las bicis desde allí, mientras los que pasamos antes nos unimos a un grupo de holandeses ya mayores que van a intentar el doble BIG del día.
Los otros españoles se habían adelantado para poder hacer las subidas y llegar a tiempo de coger el vuelo de vuelta. El resumen sería que cada uno va por su lado. Yo me he juntado con el grupo de belgas valones procedentes de Namur que también incluye algún flamenco. En ese grupo está el amigo Rafael, que me garantiza un esfuerzo máximo.

Aquí aplicamos una de las máximas del BIG que es: "el más duro súbelo primero". Por tanto, primero atacaremos Erhwalder Alm. A pesar de que el día no es especialmente brillante, la vista desde el Valle es impresionante. Justo enfrente nuestro, mientras vamos hacia Ehrwald vemos el Zugspitze, el pico más alto de Alemania, con 2.963 metros, aunque nosotros subiremos sólo hasta los 1502 metros de Ehrwalder Alm por la vertiente austríaca. A la derecha vemos otra mole de roca impresionante. Esta es sin duda una de las subidas más bonitas que hemos hecho en este encuentro.
Se divisa desde la lejanía una estación meteorológica en la cima del Zugspitze, me pregunto cómo narices lo harán para llegar allá.

Tras un breve callejeo por Ehrwald, llegamos a una valla desde la que no se permite el paso a los vehículos a motor. La carretera se estrecha y se empina mucho. Empiezo a notar en las piernas la subida y bajada "a pie" del Nebelhorn del día anterior. A pesar del tercer plato, el desarrollo da lo justito para no echar pie a tierra. En resumen, al final salen 5,2 km a un desnivel medio de 9,6%, con picos superiores al 14%. Arriba se puede llegar también a través de funicular, y en el restaurante, repleto de gente disfrutando del paisaje, podemos saborear un típico pastel de manzana y una coca cola o una cerveza. Mientras estamos disfrutando del sol, van llegando otros grupos: los italianos, los franceses, algún holandés...

Toca regresar hacia Lermoos y Rottach donde afrontaremos la última subida del día: Berwang. Poca historia para esta subida. Carretera ancha, un desnivel no demasiado importante y un paisaje espectacular, eso sí, aunque no más que cualquiera de las carreteras que desde el valle sube hacia cualquiera de los pueblos.

Por la noche, después de la cena, aparece Claudiu Moga, un chico rumano que hace 20 días que ha salido de su país. Nos cuenta una increíble aventura de 20 días en bicicleta de los que once le ha llovido. Cecilia y Luigi se ofrecen a prepararle un plato de pasta en su autocaravana, puesto que el restaurante del albergue ya hace horas que ha cerrado. Compartimos con Claudiu sus experiencias en el trayecto: desde los problemas de seguridad en su salida desde Rumania, hasta sus fiestas la noche anterior que pasó en vela. En lo ciclista, le hablas del Nebelhorn y no le teme, ya ha subido el Kitzbuheler Horn con las alforjas. Uno podría estar charlando horas con él, pero por primera vez en veinte días tiene una cama donde dormir, o sea que sus ganas de descansar vencen las ganas de los demás por conocer su historia.

El lunes hay otro buen menú con 3 BIGs, aunque supone un desplazamiento en coche de casi dos horas hasta las proximidades de Munich. El día, además, amanece muy cubierto y con ligera lluvia. En mi caso, puesto que tengo el vuelo poco después del mediodía, de entre las diversas opciones que se me presentan, prefiero seguir las de François, que me recomendó acercarme a Suiza y Liechtenstein para subir Stoss y Malbun, respectivamente. De esta forma completaré el largo fin de semana con BIGs en cuatro países diferentes. No está nada mal. Pero lo mejor de todo es la experiencia vivida, volver a ver a gente como Daniel, Helmuth, François o Marc, de los que tengo tanto que aprender y tanto que agradecer. Es un lujo rodar con ellos, poder tomar unas cervezas juntos y hacer nuevos amigos con los que comparto pasión.

Como siempre que viajo, apuro el tiempo al máximo y llego con el tiempo justo al avión. Una vez empaquetada la bici a toda velocidad, facturada la caja y embarcado el equipaje de mano (cuidado con el peso de las bolsas de mano cuando viajeis con Ryanair), hago la cola para subir al avión. Una vez arriba revisamos las impresionantes fotos de estos días con Sergi. Al final, rendido, empiezo a dormitar y se me empiezan a acumular las imágenes, los recuerdos, la gente, los nombres, los puertos, los desniveles. Me voy despertando y me vuelvo a dormir. Todavía estoy como en un sueño. Excepto cuando aparece el Nebelhorn. Entonces el sueño se convierte en pesadilla.

jueves, septiembre 17, 2009

Manchester y Liverpool, futbol, más futbol, los Beatles y la guerra


Aquí os dejo unas fotos de mi paso por Manchester y Liverpool


En Anfield, estadio del Liverpool, este memorial recuerda a los 96 aficionados fallecidos en una semifinal de Copa frente al Nottingham, el 15 de abril de 1989. Otro acontecimiento trágico en la historia del Liverpool fue la final de Heysel (Bruselas). Allí el 29 de Mayo de 1985 en una final de Copa de Europa fallecieron 39 aficionados de la Juventus. A raíz de esos acontecimientos la UEFA sancíonó a los clubs ingleses, que no pudieron jugar competiciones europeas durante 5 años. Los aficionados del Liverpool quisieran borrar de su memoria esos hechos.

El lema del Liverpool: You'll never walk alone. Nunca caminaréis solos.


En la entrada al Museo de los Beatles.

Monumento a Billy Fury, un tipo de Liverpool que llegó a vender tantos discos como Elvis Presley o los mismos Beatles... La estatua se encuentra en Albert Dock, donde está el Museo de los Beatles, el Museo Maritimo y el Museo de la Esclavitud. Liverpool fue el puerto donde se produjo mayor tráfico de esclavos de la historia. Al fondo, se ve el río Mersey donde hay numerosos ferrys que lo recorren.

Esto ya es Manchester. Justo en frente de la entrada principal de Old Trafford hay este monumento a las 3 leyendas del Manchester United: George Best, Dennis Law y Bobby Charlton.
No me olvido de la famosa frase de Best: "En la vida he empleado mucho dinero en alcohol y chicas. El resto lo he malgastado"

La entrada a Old Trafford, presidida por Matt Busby, entrenador del United de 1942 a 1969. Una leyenda del club.
Homenaje a los fallecidos en el accidente de Munich, el día 6 de Febrero de 1958, en un accidente aéreo que tuvo lugar al regreso de un partido de Copa de Europa de Belgrado, contra el Estrella Roja. El club sobrevivió a esta catástrofe y pudo rehacer el equipo y ganar la Copa de Europa diez años después, en 1968.

Dentro del estadio, Old Trafford, El Teatro de los Sueños
Tanque real a la entrada del Imperial War Museum North. Buf, está bien, pero me quedo con el futbol...
De nuevo el Museo de la Guerra Imperial, desde el otro lado del río. Un aire a lo Guggenheim, no creéis?
No comment.

sábado, septiembre 05, 2009

El Tour en la puerta de casa

( Fotografia Sergi Ros)

(Publicado en el n.10 de la revista PdlPro)

El pasado mes de Octubre se confirmó la noticia que se estaba esperando los últimos años: Barcelona acogería el final de una etapa del Tour 2009.
Después de muchos años yendo a ver el Tour a los Pirineos por fin lo iba a tener al lado de casa. La sensación de que no llegan nunca, la tensión previa al paso de los corredores iba a sentirla sin tener que sufrir un desplazamiento en coche de más de tres horas. No era una mala notica. Todo lo contrario.

Después de muchos años, pues, el Tour volvía a Barcelona. El año 1957 fue la primera ocasión en que el Tour de Francia visitó Catalunya. Y llegó al mismo lugar que llegó este año: el estadio Olímpico de Montjuic. La victoria correspondió a Rene Privat, que llegó en una escapa de cuatro donde también estaba Bernardo Ruiz. El segundo sector de esa misma etapa, la 15ª, fue Barcelona-Barcelona (10 km contra reloj), con un ganador iluste: Jacques Anquetil, y la despedida del Tour fue la etapa Barcelona-Ax les Thermes.

Pero es 1965 el último año que el Tour vino la ciudad condal. El año que todo el mundo recuerda por la victoria de José Pérez Francés. Un cántabro afincado en Catalunya que en la etapa Ax Les Thermes-Barcelona, de 241 km tuvo la osadía de escaparse de inicio, subiendo Puymorens. Un día de un calor terrible que no sólo no amilanó a Pérez Francés sino que le sirvió de acicate. Cuanto más se acercaba a Barcelona mejor conocía el terreno y más seguridad en sí mismo demostraba. Toda Barcelona salió a la calle, también en la montaña de Montjuic, para saludar el triunfo de un ciclista español. Al mismo tiempo, consiguió el record de la fuga victoriosa más larga de la historia del Tour de Francia (210 km), record que unicamente le fue arrebatado el año 1991, cuando Thierry Marie consiguió la victoria en la 6ª etapa entre Arras y Le Havre tras 234 km de fuga.

Ese día de julio, el tiempo sí acompañó la llegada del Tour y toda Barcelona salió a la calle para recibir a este español de carácter irascible que afirma que no ganó el Tour de 1963 por culpa de Bahamontes, el otro gran homenajeado este año de la llegada del Tour a Barcelona.
José Pérez Francés, genio y figura. En una entrevista que le hicieron el El País, afirmaba que el día que el Tour llegara a Barcelona no lo esperaran en la llegada, que ese día saldría con la bicicleta, como siempre. La leyenda dice que a su edad, 72 años, no sólo anda como una moto sino que suele subir con regularidad las rampas más duras del Rat Penat.

Pero para que el Tour llegue a Barcelona, procedente de Girona debe pasar por muchas localidades que viven el Tour de forma diferente al final de etapa. Permitidme que os explique la experiencia del paso del Tour por una de ellas, donde yo resido: Cardedeu.

Hasta principios del mes de junio, no hay novedades. A falta de poco menos de un mes el Ayuntamiento contacta con los clubs ciclistas del pueblo para buscar voluntariado. Nuestro caso es un poco diferente al de otros pueblos, puesto que tendremos un Sprint Especial. Preocupa el hecho de que pueda haber algún accidente, y se vallan prácticamente los dos kilómetros de paso por el casco urbano. Tiene que haber un montón de voluntarios que refuercen el trabajo de la policía local y protección civil. La etapa se disputa en día laborable, por lo tanto habrá que confiar en la gente mayor y en aquellos afortunados que podemos coger un día de fiesta.

Para empezar a hacer ambiente, la semana anterior celebramos un coloquio con la asistencia del exprofesional Melcior Mauri, que nos explicó curiosidades e interioridades del Tour, después de la experiencia que le otorgan sus 8 participaciones. Otra medida que se recomienda a los ciudadanos es que adornen su balcón con banderas de Catalunya, que es como se celebran aquí los días festivos. También se elabora un díptico que se repartirá en todos los puntos de información explicando qué es el Tour, haciendo un poco de didáctica ciclista a la gente que probablemente con el paso del Tour solo asocie un corte de tráfico monumental y molestias en su quehacer diario. Ahí explicamos la magnitud del Tour, la gente y los vehículos que mueve, las anteriores ocasiones en que el Tour ha visitado Catalunya, incluso explicando qué hace el Tour fuera de Francia (ya sabéis, la globalización). Aunque mucha gente ya es consciente de ello. El Tour es un escaparate formidable, es una transmisión televisiva que llega a todo el planeta. Para muchos es el momento de darse a conocer y de manifestarse. Un buen ejemplo es el de las "Colles geganteres", las agrupaciones populares catalanas que mantienen y portan los gigantes y cabezudos. El día del paso del Tour han acordado sacar a pasear a sus gigantes para dar a conocer esta costumbre festiva catalana.

El día D despierta con amenaza de lluvia. Es un día de esos especiales, casi como el de la final de la Champions. Uno está con esos nervios. El Tour pasa por la puerta de casa. Han convocado a los voluntarios a las 12,00 o sea que con el día libre, decidimos hacer una salida en bici de unos 70 kilómetros que coincida con los kilómetros previos al paso por Cardedeu. Una zona que todos conocemos bien, con los puertos de Sant Vicenç de Montalt (El Pollastre, como se le conoce popularmente) y Collsacreu, ambos clasificados de tercera categoría. La salida nos permitirá ver cómo se empieza a vivir el ambiente sobre la carretera, las autocaravanas en las cunetas y las pintadas de ánimo especialmente a Eduardo Gonzalo (residente en Mataró) y a Joan Antoni Flecha, los dos únicos catalanes que participan en esta edición del Tour. No es como visitar el Tourmalet pero se vive un gran ambiente y en el último kilómetro de Collsacreu revivo tantos puertos subidos horas antes del paso del Tour. También destaca una enorme bandera catalana a la salida de Arenys de Munt. Una salida para disfrutar, jugando a atacarnos y a ver quién pasa primero por las pancartas del Gran Premio de la Montaña, que ya están montadas.

Una vez llegados a Cardedeu recogemos las camisetas de voluntarios (!verdes! ¿Por qué no amarillas?), se nos asigna la zona que debemos controlar y a las 13,00 empieza un plantón que nos mantendrá hasta poco después de las 16,00 cuando hayan pasado los ciclistas. No es la mejor manera de ver el Tour, ver pasar a los ciclistas a toda velocidad unos pocos segundos antes de un sprint especial, pero vale la pena colaborar en un acontecimiento de grandes dimensiones que no es fácil que regrese. Y digo yo que si los que queremos el ciclismo no nos mojamos en cosas como ésta, apaga y vámonos.

El paso de la caravana entretiene a grandes y mayores. Me soprende el civismo con el que se comporta la gente. No hay que enfrentarse con el típico que quiere atravesar la calle o el que se queja del corte de tráfico. La gente lo vive expectante e ilusionada. Yo había incluso previsto algunas frases disculpando las molestias del paso del Tour y los cortes de tráfico, o la fugacidad del paso de los corredores, pero finalmente no serán necesarias. Todas la molestias se dan por buenas a cambio del momento de ilusión de los niños y a cambio de situar Cardedeu en el mapa, de que por televisión se dé a conocer nuestra localidad. Cuando pasa la caravana publicitaria, es una mezcla de Bienvenido Mr Marshall, la cabalgata de Reyes y el paso del Dakar por los pueblos africanos (ya sabéis, tiran cuatro artículos y la gente se pelea por ellos...) pero supongo que todo ello forma parte del espectáculo.

Una vez pasa el pelotón todo vuelve a la normalidad de una forma rapidísima. Las vallas se recogen, se abre el tráfico y como si nada hubiera pasado. Antes de que recojan la pancarta de sprint Especial podemos hacer una foto de grupo todo el voluntariado con la pancarta al fondo. Será un buen recuerdo para rememorar el paso del Tour por la puerta de casa. Quién sabe si no llegará de nuevo hasta dentro de 44 años más, aunque las palabras del alcalde de Barcelona dan a entender que el éxito de este año, reconocido incluso por el director general del Tour, tendrá sus efectos a corto plazo.

Después de la foto, vamos con el tiempo justo para volver a casa y ver el final de la etapa en Barcelona. La participación ciudadana ha sido uno de los objetivos del Ayuntamiento de Barcelona para la llegada del Tour. La idea principal era la creación de una ola amarilla gigante al paso del Tour. Para ello, a la salida del metro (transporte público recomendado ese día, cómo no), se ofrecía unos grandes rectángulos amarillos para que los espectadores pudieran levantarlos y crear ese curioso efecto que finalmente se vió de forma modesta, posiblemente por la lluvia, que cayó con mucha fuerza en las horas previas y amenazó durante todo el día. A pesar de ello, el éxito de público fue total, con unas estimaciones de 250.000 espectadores en Barcelona y un total de un millón durante toda la etapa.

Al mismo tiempo, aprovechando la llegada del Tour, los autobuses de Barcelona y las bicicletas del Bicing también llevaron distintivos de color amarillo, representativo del Tour, durante los días previos. Además, los comerciantes de las calles por las que se desarrolló la carrera intentaron atraer al público con elementos referentes al Tour. Con motivo del Tour, el Ayuntamiento también colaboró en las 24 horas ciclistas de Montjuic, a imagen y semejanza de las 24 horas motociclistas que se celebraron durante los años 50 y 60. Una buena iniciativa popular, pero mal resuelta, con unos precios de inscripción para mí abusivos e injustificables. ¿Más cosas? Sí. En la verdadera fiesta de la bicicleta que se convirtió Barcelona, se superó el récord Guinness del mayor número de bicicletas estáticas al aire libre. 453 personas pedalearon bajo la luvia en el Arc de Triomf, superando las 412 que se habían registrado en Irlanda. La lástima es que la clase tuvo que celebrarse sin música, debido al aguacero que cayo unas horas antes.
Al final, todos los medios valoran muy positivamente el paso del Tour por Barcelona. La participación masiva de la gente e incluso su paciencia y colaboración en temas de tráfico. La guinda hubiera sido la victoria de un ciclista español, pero la suerte no estuvo de nuestro lado y nos quedamos con la miel en los labios con la segunda posición de Freire y la tercera de Rojas.

Cuando acaba la etapa decido volver atrás la grabación de la etapa (lo estaba grabando, cómo no) y ver cómo ha salido nuestro pueblo por la televisión, qué se ha visto de él en todo el mundo. Y descubro que cuando los escapados y el pelotón pasaban por Cardedeu en la 2 y en Teledeporte emitían anuncios. O sea, que hemos sido invisibles. Y ya se sabe, que si no sales en la tele es que no existes.

miércoles, agosto 26, 2009

Carcasona y Pic de Nore


Carcasona es un destino turístico de primera magnitud. Para los catalanes es una magnífica oportunidad de escapar a Francia y ver una grandiosa ciudad medieval que es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Destino perfecto para ir con los niños.
Pero si nos gusta ir en bicicleta también es un destino en el que podremos disfrutar de alguna salida llena de alicientes. En primer lugar, para los amantes de las escaladas singulares, el Pic de Nore es una subida que no podemos evitar.
Desde La Cité, la ciudad medieval, es perfectamente visible el Pic de Nore con su gran antena (a lo Ventoux, je) en lo alto. Y un parque eólico en sus laderas que al verlo uno entiende lo de la contaminación visual.

Con diversas posibilidades de acceso, entre otras la de Mazamet, la localidad natal de Laurent Jalabert, la vertiente más interesante del Pic de Nore es la de Villenueve Minervois, que consta de 21 kilómetros no excesivamente duros. Esta vertiente es la que atraviesa Cabrespine (el pueblo que nos servirá de referencia para ir ascenciendo desde Carcasona), sin embargo no hace falta que desviarse hacia la famosa cueva de Cabrespine, con un kilómetro muy muy duro (señal de tráfico del 16%) que no tenía por qué haber hecho…

Es totalmente recomendable completar el recorrido descendiendo en dirección Mazamet y desviarse posteriormente en dirección a Lastours, un conjunto de cuatro castillos cátaros, absolutamente recomendable de visitar, aunque para ello deberemos bajar de la bici y andar durante aproximadamente hora y media.
Por último destacar que la marcha cicloturista Laurent Jalabert que se celebra desde Mazamet (este año el día 23 de agosto) es una buena ocasión para subir al Pic de Nore.

viernes, julio 24, 2009

Circos de Troumouse y Gavarnie, Col de Boucharo

Uno de los paisajes más bonitos que he visto nunca sobre la bicicleta me lo ofreció el Pirineo este pasado puente de San Juan. Después de un par de etapas muy interesantes subiendo puertos desconocidos para mí como Lac d'Aumar, Pla d'Adet o Luz Luz Ardiden, el tercer día teníamos en el menú la subida a Gavarnie y el Circo de Troumouse. Y la verdad es que lo vivido superó con mucho las expectativas que teníamos.

Desde Luz Saint Sauveur, donde dormimos, salimos a toda pastilla en dirección a Gedre por un falso llano que realmente forma parte de la subida, pero que al estar al principio de la etapa invitaba a correr. Una buena carretera junto al río que va ganando altitud poco a poco. Después de pasar por Gedre está la bifurcación entre Gavarnie y el Circo de Troumouse. La idea es llegar hasta Gavarnie y luego continuar hasta el puerto de Boucharo (o Bujaruelo en español) hasta completar los 31 kilómetros de subida desde Luz.

El paso por Gavarnie nos deja unas imágenes impresionantes del mismo circo de Gavarnie que podéis ver en la foto. Un impresionante salto de agua de 400 metros es visible desde el pueblo. Nos dicen que es el mayor salto de agua de toda Europa. En el video de youtube podéis ver esta maravilla:



Una vez pasado Gavarnie hay que seguir las indicaciones hacia col de Boucharo, por una carretera preciosa con una buena panorámica del circo, pero que poco a poco se desplaza hacia la derecha para ir a buscar el paso hacia España que es Boucharo. Pasamos por las pistas de esqui de Gedre y tras unos kilómetros bastante duros nos deja en el parking a partir del que ya no pueden circular los coches. Faltan un par de kilometros para que el asfalto desaparezca y corone el puerto, pero unas rocas enormes impiden el paso de los coches. Los desprendimientos han dejado muchas rocas en la carretera, que no sólo impiden el paso de los coches sino incluso de las bicis. Hemos de desmontar de la bici para poder completar la ascensión y buscar un cartel que dé fé de nuestra llegada al Puerto de Bujaruelo (2.273 metros).


Podéis ver la altimetría de este puerto aquí: http://www.altimetrias.net/aspbk/verPuertoF.asp?id=13

Rapidísimo descenso hacia Gedre y vamos a buscar el segundo circo del día, el Circo de Troumouse. Una ascensión también sin salida que nos ofrecerá un paisaje alucinante, precioso, como véis en la foto de abajo. La carretera es muy solitaria al ser de peaje, por lo que aún podremos disfrutar un poco más de la vista e incluso del oído, del silencio más exactamente (en el Lac d'Aumar ya habíamos encontrado otra carretera de peaje).


Aquí podéis ver el perfil de la ascensión y una detallada descripción de la misma
http://www.altimetrias.net/aspbk/verPuertoF.asp?id=11
Al final, tras regresar a Luz salen aproximadamente 100 kilómetros muy muy completitos, duros de verdad pero sobre todo, tremendamente bellos. No os lo recomiendo, os digo que es una obligacíón hacerlo para todos aquellos que nos gusta la montaña en bicicleta.

sábado, junio 27, 2009

Eugene Cristophe y la forja de Santa Marie de Campan


Los tiempos históricos del Tour. Si 1906 fue la primera ocasión en que el Tour ascendió al Tourmalet, la edición de 1913 pasará a la historia como aquella en que el entonces líder Eugene Cristophe, en la etapa de Bayona a Luchon (326 km!), estaba escapado en la subida al Tourmalet, con más de 5 minutos de ventaja sobre sus perseguidores. Ya bajando, después de una caída tuvo que recorrer 14 kilómetros a pie (algunos tramos por la propia carretera, y en ocasiones cortando campo a través)hasta Santa Marie de Campan hasta encontrar una herrería donde reparar su horquilla rota y así poder continuar. Cosas del Tour, que en esos tiempos no permitía la asistencia mecánica ni la sustitución de componentes. Toda la operación de forjado de la horquilla la hizo bajo la supervisión de Henry Desgrange, el patrón del Tour, que llegó a sancionarlo con 10 minutos por pedir a un chico que le auxiliara para avivar el fuego de la forja. Cristophe, todo coraje, no se dió por vencido y llegó al final de la etapa.

En el año 2003, en la edición del centenario del Tour, se puso una placa para recordar los hechos que ocurrieron en 1913. Como dice la placa: "Con ocasión del centenario del Tour de Francia, se homenajea a Eugene Cristophe que durante el Tour de 1913 reparó la horquilla de su bicicleta en esta forja de Sainte Marie de Campan. Eugene Cristophe, lider de la prueba, perdió aquí toda posibilidad de victoria, pero dió una formidable lección de coraje y de tenacidad. El Tour de Francia recuerda con respeto este comportamiento ejemplar. 21 de julio de 2003".


A mí se me pone la carne de gallina al leerla. Esos son los valores del ciclismo que el Tour de Francia encarna año tras año, luchando contra corriente, enfrentándose a todo el mundo en su cruzada contra el dopaje y contra cualquier tipo de atajo que no sea el esfuerzo y el sacrificio.

Cada vez que he ido al Tourmalet he buscado esa placa. Y por fin este año la encontré. Bajando del Aspin (o de la Hourquette d'Ancizan, puerto precioso que, como el Aspin, une el valle de Arreau con el valle de Campan), pasada la plaza donde empieza el Tourmalet (ver foto). Continuando la carretera hacia Bagneres de Bigorre, un centenar de metros a mano derecha, a pie de carretera, ahí está. Placa mítica en un pueblo mítico.



miércoles, junio 10, 2009

Mont Aigoual, Perjuret y la leyenda de Riviére

(Publicado en el n.30 de la revista Pedalier)
(Fotografia Sergi Ros)

Otras veces ya nos habíamos acercado a la zona francesa de Les Cevennes i de Les Causses. Habíamos ya descubierto atracciones naturales como el Circo de Navacelles y artificiales como el Viaducto de Millau. En pleno parque natural de Les Cevennes, en el centro, nos quedaba por descubrir el Mont Aigoual, a una altitud de 1.565 metros, considerable para tratarse de una zona de media montaña. Una montaña que domina toda la región y a la que se puede acceder por múltiples vertientes: Meyrueis, Rousses, Le Vigan o Vallerauge.

En el recorrido que nos propuso Angel Morales aparecían también otros alicientes, como la bajada por el col de Perjuret y el monumento a Roger Riviere, o la subida al Col de Faisses, perteneciente al reto BIG (lo mismo que el Mont Aigoual), que da acceso a la cornisa de Las Cevennes, una carretera con una vista aérea sensacional. En total 115 kilómetros y tres puertos de montaña: Mont Aigoual, Col des Faisses y Col du Pas, ya de regreso a Vallerauge, punto de partida y final de nuestra salida.

Hay que decir que es una zona ya al límite de lo que se puede hacer en un día. Más de cuatro horas de coche desde Barcelona es francamente pesado, quizás más duro que la propia salida en bicicleta. Un fin de semana largo sería la solución ideal para cribar toda esta zona rural y de media montaña.

El principio de la etapa nos ofreció una subida larguísima, de más de 28 kilómetros no demasiado duros pero que van castigando, hasta llegar a la estación meteorológica que hay en la cima de Mont Aigoual, visible en casi todo momento mientras ascendemos. Las placas de nieve que se ven auguran el frío, y la forma de las nubes augura que además, el viento arriba puede ser fuerte.

Después de unos últimos kilómetros de ascensión muy llevaderos llegamos a la cima donde, como sospechábamos, la ventolera es tremenda, parece que se va a llevar las bicis apoyadas sobre el quitamiedos. La vista desde arriba es espectacular, además de un paisaje grandioso en todas direcciones se pueden ver muchos kilómetros de la ascensión que acabamos de realizar, en la ladera de enfrente.

El viento sopla cada vez más fuerte y la temperatura baja. No me sorprende leer en Meteofrance que la temperatura mínima de un mes de Mayo en Francia se haya registrado en este observatorio del Mont Aigoual (-8º el año 1909). Aunque resulta curioso que en este remoto monte del centro de Francia bajen más las temperaturas que en Alpes o Pirineos. Algunas paredes de nieve a principios del mes de Mayo y la existencia de la estación de esquí de Prat de Peyrot, dan fe de que la nieve es habitual ahí en invierno.

Nos espera un larguísimo descenso que empalma la bajada del Mont Aigoual con el Col de Perjuret, con largas rectas y amplias curvas donde es fácil coger mucha velocidad. Hay que ir con mucho cuidado sobre todo por el aire, aunque a medida que vamos perdiendo altura la temperatura sube y el aire cede. Pero fue ahí, ya casi finalizando el descenso, donde cayó Roger Riviére el día 10 de Julio en la etapa Millau-Avignon, del Tour de Francia de 1960.

Ese año, en su cuarta participación en el Tour, partía como uno de los principales favoritos. Ganó la contra reloj inicial y mantenía un duelo con Gastone Nencini e incluso con su propio compañero de equipo Henry Anglade. Ese día, Nencini tenía el liderato y Riviére le seguía allí donde Nencini iba. Si conseguía mantener su rueda, con toda probabilidad le derrotaría en la contra reloj final del Tour y podría proclamarse vencedor. Pero en las curvas rapidísimas del Perjuret, Nencini, un gran bajador, puso al límite las posibilidades de Riviére, hasta que cayó por un barranco. Su compañero de equipo Rostollan vió la bicicleta de Riviére, se bajó de la suya y corrió carretera arriba para avisar al director deportivo de lo que había ocurrido. Durante cinco minutos nadie pudo encontrar a Riviére, parecía que se había evaporado. Finalmente, lo localizaron 20 metros más abajo totalmente inmóvil, con los ojos abiertos y la columna partida, lo que le impedía el más mínimo movimiento ni una llamada de auxilio. Un helicóptero pudo rescatarlo y lo llevó al Hospital de Montpellier, donde se confirmó la gravedad de su caída.

Roger Riviére fue por tanto un corredor con una carrera profesional muy breve. Debutó en 1957, con 21 años y destacó sobre todo en la pista, consiguiendo el récord de la hora, que batió por dos veces (el 18 de septiembre de 1957, 46,923 km y el 23 de Septiembre de 1959 con 47,347 km). Este último récord lo mantuvo hasta que el belga Ferdinand Bracke lo batió el 30 de Octubre de 1967. También fue 3 veces campeón del mundo de persecución (1957-58-59).

Después de la caída Riviére nunca recuperó la movilidad en las piernas y vivió desde entonces en una silla de ruedas. Abrió un restaurante en Saint Etienne llamado Le Vigorelli (estadio de Milan en cuya pista batió los dos récords de la hora), que fracasó. Otros dos negocios que intentó siguieron por el mismo camino. Falleció de cáncer de garganta en 1976, a los 40 años.

(Fotografia: Sergi Ros)
Tras hacer unas fotos en el monumento dedicado al ciclista francés, continuamos el descenso y vamos camino de Florac para llegar a Col du Rey y col des Faisses, que dan acceso a la Corniche des Cevennes, que seguiremos durante unos kilómetros, antes de desviarnos en Le Pompidou para dirigirnos de nuevo al punto de partida: Vallerauge. La carretera es muy estrecha, de esas que no salen en los mapas y únicamente Angel conoce. Afortunadamente, no es de las que nos tiene acostumbrados, con rampas frecuentes por encima de los dos dígitos.

Tras disfrutar de esa solitaria carretera, llegamos finalmente a Vallerauge, donde cerramos una etapa francesa con un recorrido y una historia dignas del Tour de Francia.

Triste, pero digna del Tour.

sábado, mayo 09, 2009

Maraton de los Monegros, otro reto conseguido



Puesto que un día tengo la ilusión de correr la Titan Desert, pensé que correr la Maraton de los Monegros era una buena forma de empezar a familiarizarme con el desierto. Para uno como yo que está acostumbrado a correr en carretera, no debía ser excesivamente complicado hacer los Monegros, que tiene una dificultad técnica nula, aunque de todos los tópicos que leí antes de disputarla (este era uno de ellos), unos cuantos fueron cayendo por el camino.

Me sorprendió poder inscribirme sin dificultad, en una prueba mítica como esta, que forma parte del Circuito Aventura de Orbea. Más en en estos tiempos que el auge del deporte popular hace imposible acceder determinadas competiciones. Pero como digo no fue el caso, y tanto yo como mis compañeros pudimos inscribirmos sin dificultades, aunque es cierto que pocos días antes se llegó al tope de 1500 inscritos que había puesto la organización.

El hecho de que la salida sea a las 14,00, algo nada habitual en las pruebas populares de bicicleta, fomenta la épica del calor extremo. Si bien es cierto que se celebra en el mes de mayo y que este año las lluvias han sido generosas, os aseguro que a las dos de la tarde en los Monegros pega un buen calorcito.

Por tanto, igual que muchos otros catalanes, ahí estábamos saliendo el sábado por la mañana sin excesivas prisas, para llegar con tranquilidad a Sariñena, con tiempo suficiente para recoger los dorsales, los regalos (unos pobres calcetines!) y para comer un poco. No era cuestión de entretenerse y llegar justos a la salida, puesto que si en una marcha de carretera ya es complicado ir adelantando posiciones, mucho más en BTT, en pista de tierra, por ancha que ésta sea. O sea que a falta de media hora ahí estábamos bastante adelante, encontrando y saludando a gente conocida.

Se da la salida, vueltecita por Sariñena para conocer el pueblo y corre corre que te pillo. Del temido polvo, hay que decir que no supuso el más mínimo problema (primer tópico que se fue al traste), aunque en la salida ví a gente con mascarilla de esa de la nueva gripe, je.

Los primeros 50 kilometros pican ligeramente para abajo y llego al kilometro 50 con una media de 25 km/hora, lo que no está nada mal pensando que hablamos de pistas para BTT, anchas y en buen estado, pero pistas al fin y al cabo. A partir de ahí, ya nos habian avisado en la salida que tendríamos el aire en contra. No es que soplara demasiado aire, era de ese que no se nota cuando sopla a favor pero sí cuando sopla en contra…


En ese giro de 180 grados se halla el segundo avituallamiento. Voy tan bien que ni paro, aún llevo barritas en el bolsillo. En muchos momentos me he sentido que iba muy rápido, ayudado por un neumático trasero casi liso que monté para la ocasión. Unicamente temía que pudiera pinchar… Y efectivamente aparece Murphy y pincho, pero no atrás en el neumático liso, sino adelante, en el tubeless montado con cámara. Aunque soy muy despistado y nunca llevo el material adecuado, en esta ocasión parece que lo podré hacer todo solo. Hasta que intento hinchar con la mancha y como si nada. Después de ver pasar innumerables grupos decido pedir una mancha con la que finalmente solvento el tema (qué mal me sabe parar a alguno por la dejadez propia).

Ahora parece que se me junta todo: desmotivación por el pinchazo (con lo bien que iba!), principio del segundo puerto de la jornada (vaya puerto más pestoso, con innumerables rampas y descansos, no muy duro pero muy pesado) y la pájara que empieza a asomar.

El segundo tópico sobre los Monegros (que era totalmente llana) también empieza a desmoronarse.

El panorama se complica y ya veo que me va a costar llegar. Ni siquiera una vez coronado el puerto la cosa se arregla, porque entre que el terreno pica para arriba y el airecillo, aquí hay que dar pedales todo el tiempo y no despistarse. En los últimos kilómetros me pasa hasta el apuntador y finalmente llego a la meta con un tiempo de 5h 22 minutos, que hubieran podido ser 5 horas sin el pinchazo. En fin, qué le vamos a hacer.


Una vez en la meta es el momento de la ducha (menuda excursión para localizar las duchas, con lo harto que ya estaba de bici), de la anunciada fideua (sin comentarios, qué difícil debe ser hacer fideua para 1500) y de atender al verdadero acontecimiento del día: el Madrid – Barça. El histórico 2-6 me curó todos los males y mis gritos se debían oir a kilómetros a la redonda.

Bonita experiencia aunque no sé si vale la pena repetir… (bueno, lo del derby sí)

viernes, abril 24, 2009

Amstel Gold Race 2009

(Publicado en el n.30 de la revista Pedalier)

De Amstel Gold Race

La experiencia de mediados de Abril en la Amstel Gold Race empieza mucho, mucho antes. Después de habernos quedado fuera el año pasado, el 15 de Enero era la fecha en que se abrían las inscripciones por Internet. O sea que todos atentos para el primer día inscribirnos.

Sin embargo el día D es imposible acceder a su página (tipo Quebrantahuesos, ya sabéis), y al día siguiente aparece un mensaje donde dice que han agotado las 12.000 inscripciones en 30 horas y que muchas gracias, bla, bla, bla.Bueno, otro año será, 2010?, 2011?


Un día de marzo de repente todo cambia. ¡Uno de los habituales de nuestras escapadas belgas en primavera ha conseguido que un esponsor de la prueba nos invite! Menuda sorpresa. Ahora el tiempo corre y hay que cerrar los vuelos, el alquiler de la furgoneta y los hoteles. Benditas prisas!!


De Amstel Gold Race

Apenas regresar de las vacaciones de Semana Santa ya estamos de viaje otra vez camino de Valkenburg. En esta ocasión vuelo en Ryanair hasta Charleroi, alquiler de furgoneta hasta Lanaken (aún en Bélgica, el lugar más cercano donde encontramos hotel) y el sábado ya está todo a punto para hacer la prueba de 150 kilómetros (existen 5 posibilidades para todos los gustos, 250, 200, 150, 100 y 50 km). A pesar de que nos entregan un chip para control de tiempos, la salida es libre y en nuestro caso es de 7,00 a 11,00. O sea que no hay que madrugar en exceso, al final acabaremos saliendo de los últimos…


De todas formas la gente se lo toma como lo que esto es realmente, una verdadera fiesta de la bicicleta. Numerosos grupos de ciclistas los encuentras parados en alguna terraza almorzando, aprovechando un momento de sol. El que quiere se aprieta unos kilómetros, el que no, se detiene tanto como quiere.


La marcha en sí pues más dura de lo que cualquiera podría pensar de una marcha holandesa. Obviamente en la zona de las Ardenas las cotas son como las belgas, cortas pero duras. Nos sorprende especialmente la dureza de la penúltima subida, el Keutenberg, que en la distancia impresiona y que nos recordó muchísimo al terrible Koppenberg del Tour de Flandes, sólo que sin adoquines.


El final de fiesta es la subida al Cauberg, en el que el cuerpo ya me pide el triple plato. Termino contento y es el momento de tomar la cerveza (Amstel por supuesto) y comentar la marcha con los colegas en las carpas monumentales que la organización ha dispuesto. La lluvia, que ha hecho su aparición en los kilómetros finales de la marcha, hace que tengamos que anticipar nuestro regreso al hotel, no sin antes hacernos una foto en el podium de la Amstel Gold Race con las misses. ¡Divertido recuerdo para dar envidia a los amigos!


El domingo hizo un día soleado como hubiéramos querido el sábado, pero por lo menos los corredores de la versión profesional no tendrían que asumir tantos riesgos como si la carretera hubiera estado mojada. No me extraña que a Contador no le haga ni pizca de gracia correr la Amstel. Si un año decide correr las clásicas se irá directo a Huy y a Lieja…

La carrera profesional parte de Masstricht y su recorrido es un verdadero laberinto imposible de seguir si no es con las motos delante. . Imaginaros que hay partes del recorrido en las que se pasa una vez en un sentido y la siguiente en sentido contrario… La carrera pasó 3 veces por Valkenburg, las dos últimas por el Cauberg. Un ambiente de fiesta impresionante rodea toda la subida a esta cota, que nace en la misma localidad de Valkenburg. Todo el pueblo vive un ambiente espléndido, su casco antiguo está repleto de gente y los bares y restaurantes hacen su agosto. La cerveza corre a raudales.


De Amstel Gold Race

Antes del último paso por el Cauberg nos acercamos a la meta y allí conocemos a los padres del corredor de Euskaltel Juan José Oroz. Nos cuentan unas bonitas vacaciones siguiendo al hijo por las clásicas belgas. Bravo por Juanjo y un buen trabajo el suyo a favor de Samuel poco después.


La resolución podemos seguirla en una pantalla gigante, que hace más amena la espera de los corredores. La locura se desata con el ataque de Gesink, favorito de la mayoría, por delante incluso del también local Karsten Kroon. Finalmente Ivanov pudo com ambos e impuso su veteranía.


Ya sólo queda animar a todos los españoles que van llegando en grupos diferentes. Ya es cuestión de recoger pronto y pensar en el regreso, que al día siguiente hay que trabajar, como si nada hubiera pasado. Pero después de haber vivido una nueva experiencia que no contábamos vivir este año. Habrá que ir pensando nuevas escapadas.

lunes, marzo 30, 2009

Milán San Remo 2009

(Publicado en el n.29 de la revista Pedalier)
De Milano San Remo

Las marchas cicloturistas que se celebran el mismo fin de semana que la carrera profesional del mismo nombre tienen un aliciente especial. Vivir el ambiente de los profesionales y poder rodar por esas mismas carreteras desde luego es todo un lujo.

En el caso de la Milán San Remo la marcha cicloturista que copia el recorrido de la classicissima la organiza el primer fin de semana de Junio la Unione Ciclistica San Remo. Sin embargo, desde hace tres años, la Gazzetta dello Sport organiza una Milán San Remo amatoriale (en realidad San Remo-San Remo de 120 kilómetros) para ciclodeportistas, que permite recorrer los últimos kilómetros de la clásica italiana, con todas las tachuelas que conocemos de la televisión cada año: Capo Berta, La Cipressa y Poggio di San Remo.

Salimos de Barcelona el viernes con tiempo. Queríamos pasar por Toulon para subir Mont Faron, mítica cima francesa que se suele subir en todas la ediciones del Tour del Mediterráneo. La lluvia nos impidió intentarlo, pero seguimos camino de San Remo con la seguridad que nos daban las previsiones meteorológicas, de que el el fin de semana iba a ser realmente primaveral, para hacer honor al mundial de primavera, sobrenombre con el que se conoce también a la Milán San Remo. La cena del viernes a base de pasta nos sirvió también para recabar información sobre la salida que teníamos planeada para el día siguiente, que consistía en desplazarnos en coche hasta Niza y desde allí en un bucle de 70 kilómetros subir el famoso Col d’Eze que se sube en la París Niza y también Col de Braus, a 1.000 metros de altitud, e incluido en el reto BIG. La información que nos dieron recomendaba adentrarnos justo en la frontera (Ventimiglia) hacia Sospel y atacar Braus por la otra vertiente.

De Milano San Remo

Además, el propietario de la pizzería también nos informó de la existencia de un carril bici de más de 25 kilómetros de longitud que se extiende desde Imperia hasta San Remo sobre el antiguo trazado del tren. Una verdadera atracción turística para cicloturistas y para cualquiera que quiera disfrutar de un agradable paseo junto al mar.

La salida del sábado finalmente fue una mezcla del pan previsto y la información que recibimos el día anterior: no cogimos el coche (sabia decisión teniendo que estar a mediodía en San Remo para ver el final de la carrera profesional) y fuimos por la carretera de la costa hasta Menton, ya en Francia, desde ahí subimos el Col de Castillon y desde ahí empalmamos con la vertiente de Sospel para coronar Col de Braus. Bonita ascensión con la recompensa adicional de encontrar arriba un bonito monumento dedicado a René Vietto, donde también están depositadas sus cenizas. Durante buena parte del recorrido las vistas sobre los Alpes nevados nos alegraron el pedaleo.
El regreso a San Remo lo hicimos por Sospel y más tarde continuamos por el valle hasta Ventimiglia, en una carretera preciosa al principio y plagada de túneles al final. En resumen, poco más de 105 kilómetros para “calentar piernas” cara a la marcha del día siguiente.

De Milano San Remo

Una vez en San Remo recogemos los dorsales, los regalos (incluido el maillot conmemorativo del 100 edición de la Milán San Remo) y nos enteramos de los problemas organizativos que han hecho que la inscripción se haya limitado a 500 personas, cuando el año pasado aquí hubo más de 1.500. Y los únicos afortunados del estado español que estábamos aquí éramos nosotros…

Poco después decidimos finalmente ver la llegada de los profesionales en la meta, aunque en su momento barajamos acercarnos al Poggio. En esta ocasión lástima que no estuviera Freire para plantarle cara a Cavendish, este inglés que a poco que se lo proponga puede marcar una época en las clásicas y en los sprints de las etapas de las grandes vueltas. Al final, paseando entre los autobuses de los equipos, pudimos saludar a Joaquim Rodríguez y Oscar Pereiro, todo un ganador de Tour.

De Milano San Remo

De la ¿marcha? del domingo cabe decir que por la pinta de los participantes más bien parecía una carrera. Los italianos son con sus bicis como con sus coches. Os las podéis imaginar, qué pedazo de máquinas, impecables, preciosas. La indumentaria, pues a tono con la ropa italiana. Alguno quizás no andara nada pero por la pinta los confundías a todos con profesionales… A la hora de la verdad, salida a toda mecha, puesto que los primeros 40 kilómetros eran llanos, hasta llegar a Col de Ginestro. En ese tramo llano, después de partirse el pelotón en varios grupos, nos quedamos un grupo grande donde de repente aparece el dorsal número 2. “Andiamo, ragazzi” dice, y nos pone en fila de a uno y vamos recogiendo gente hasta que empalmamos con el grupo de delante. Es nada menos que Davide Cassanni, ex profesional (ni recuerdo las que veces que fue internacional con la selección italiana) y ahora comentarista de la RAI. Qué gran tipo y qué gran función cumple. Nos tenía contentos a los cicloturistas con su presencia, además nos reagrupaba y por supuesto, nos llevaba a toda mecha. Yo me sentía como en la carrera profesional, aguantando a los podencos en el llano y esperando mi terreno…

Después de coronar el Col de Ginestro se vuelve a buscar la carretera de la costa para ya afrontar los últimos 50 kilómetros que ahora sí, son los mismos que la carrera profesional, con las ascensiones a Capo Berta, La Cipressa y el mítico Poggio. Subiendo Capo Berta, esa tachuela sin importancia que los pros suben a todo trapo, veo un monumento dedicado a la Milan San Remo y tengo que pararme a hacer fotos. A partir de ahí ya pierdo el grupo de Cassani y la verdad es que fue una buena excusa porque mis piernas ya empezaban a sufrir más de la cuenta. La Cipressa también resulto ser más dura de lo previsto y ya no digo el Poggio. No me lo querría encontrar yo con casi 300 kilómetros en las piernas. Sobre todo me quedo con los descensos de todas estas pequeñas cuestas, que son verdaderos balcones al mar en un día precioso de primavera como el que disfrutamos.

De Milano San Remo

Los cuatro compañeros del club nos reagrupamos y afrontamos los últimos kilómertros jugando a ser profesionales y lanzando el sprint, calculo que 30 kilómetros por hora más despacio que lo que vimos el día anterior… Pero profundamente satisfechos y conscientes de que hemos puesto una muesca más en nuestra bicicleta. Unos cuantos mitos más ya están en el bolsillo.

miércoles, febrero 04, 2009

Monumentos ciclistas escondidos en Irlanda


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En los pasados años Irlanda ha tenido algunos ciclistas de reputación internacional que han tenido una notable carrera compitiendo principalmente en Europa. Ahí se incluye a Shay Elliot (primer irlandés en portar el maillot amarillo de lider del Tour de Francia), Sean Kelly (maillot verde del Tour de Francia en cuatro ocasiones), Stephen Roche (vencedor de la general del Tour de Francia en 1987), Martin Earley y Paul Kimmage. El ciclista más conocido por los dublineses es Stephen Roche, quien procede de Dundrum, en los suburbios del sur de Dublín. En 1988 él consiguió el insólito hecho de ganar Giro, Tour y Campeonato del Mundo en el mismo año, sin embargo, en los últimos años de su carrera le persiguieron las lesiones. Hay un elegante homenaje en piedra (ver fotos) en su localidad natal Dundrum, donde se puede llegar con el autobús n.48 o con el LUAS (tranvía). Está en la calle principal llegando al centro comercial.
El memorial Shay Elliot merece una visita a las montañas de Wicklow, por lo menos por el escenario. En coche o con el autobús de St.Kevin hay que llegar a Larga (cerca de Glendalough) y dirigirse hacia el sur en la carretera hacia Rathdrum por 1,5 kilometros. En el desvío hacia Drumgoff hay que tirar a la derecha y el memorial está al coronar la subida, a unos 6 kilómetros.
Sean Kelly tiene una plaza dedicada a él en Carrick on Suir (condado de Tipperary). Recientemente él ha estado muy metido en la dirección de equipos y ahora esponsoriza y dirige un equipo belga-irlandés de jóvenes corredores. Desde que se retiró, ha tomado parte en numerosas carreras benéficas, especialmente para Blazing Saddles (organización pro ciegos). El antiguo compañero de equipo de Kelly en el equipo PDM, Martin Earley (vencedor de etapa en el Tour de Francia), tiene una consulta como terapeuta para deportistas en Store on Trent, Reino Unido. 
Paul Kimmage, continuó su carrera como periodista, escribiendo un excelente libro explicando sus experiencias como corredor, llamado “A rough ride”. Reveló que el abuso del dopaje estaba extendido en el pelotón y fue castigado severamente por los ciclistas de la época, es especialmente conocido su enfrentamiento con Lance Armstrong. Sin embargo, sus acusaciones le han proporcionado mucho respeto sobre todo después del Tour de 1998, donde se produjo el Caso Festina. Irónicamente, ese es el año en que el Tour de Francia visitó Irlanda. Kimmage trabaja para el periódico Irlandés Independiente y ahora es un reputado periodista deportivo.
Con la excepción de Shay Elliot, todos los ciclistas mencionados están todavía vivos.

jueves, enero 29, 2009

Croke Park, un estadio repleto de historia

Croke Park, en Dublín, es un estadio impresionante. Un estadio con 115 años de historia, pero remodelado recientemente y un prodigio de modernidad. A día de hoy, inicio de 2009, es el cuarto estadio con mayor capacidad de Europa, con 82.300 espectadores. Un estadio con el marcador electrónico más grande de Europa. En su interior también hay un impresionante centro de congresos y el Museo de la GAA (Asociación Atlética Gaélica), la mayor organización deportiva irlandesa, propietaria del estadio y gran impulsora de los juegos, la cultura y a lengua irlandesa. En su modernidad cabe destacar el sistema de cuidado del césped que permite un mantenimiento perfecto en cuanto a condiciones de luz y agua (podéis verlo en la foto).

¿Por qué no es un estadio muy conocido en el resto de Europa? Sencillamente porque hasta hace poco allí únicamente se jugaban partidos de hurling y futbol gaelico (las finales anuales), deportes típicamente irlandeses. Unicamente a partir del año 2007 se jugó a fúbol en Croke Park. Concretamente, el primer partido de fútbol fue el disputado entre las selecciones de Irlanda y Gales el 24 de Marzo de 2007. También se disputan actualmente partidos del Torneo de 6 Naciones de Rugby.

Esta apertura de Croke Park a deportes no gaélicos supuso una gran controversia y únicamente ha sido posible hacerlo debido a las obras de remodelación del estadio Lansdowne Road, donde históricamente se han celebrado los partidos de las selecciones irlandesas de fútbol y rugby.

Curiosamente, el record de asistencia a este estadio no lo tiene un partido de un deporte irlandés, sino que lo tiene la ceremonia de inauguración de los Special Olympics del año 2003, que se celebraron en Dublín.

Croke Park también ha sido escenario de conciertos multitudinarios entre los que se pueden destacar los tres que ofrecieron los irlandeses U2 en 2005. The Police, Tina Turner, Bon Jovi, Billy Joel o Westlife son también otros famosos cantantes que actuaron allí.

La historia se escribe en las gradas de Croke Park. El primer domigo sangriento de la historia de Irlanda se produjo en este estadio el 21 de noviembre de 1920, cuando tropas inglesas entraron en el estadio en mitad del partido Dublín-Tipperary y asesinaron a 13 espectadores, entre ellos varios niños, y al capitán del Tipperary Michael Hogan . En recuerdo de esos hechos y del famoso levantamiento de Pascua de 1916 (Guerra de independencia de Irlanda) el fondo sin cubrir se le llama Hill 16. En honor de Michael Hogan, se dedicó otra grada a este jugador fallecido.

También estan bautizadas la grada Cusack (en honor del fundador de la GAA Michael Cusack), la grada Davin y la Terraza Nally. Incluso uno de los túneles está bautizado como túnel Alí en recuerdo del combate de boxeo disputado por Muhamad Alí contra Alvin Lewis en este estadio en el año 1972. Esta peculiaridad también es absolutamente característica de Croke Park, puesto que no es habitual que en los estadios se dé nombre a las gradas.

¿Y qué tiene que ver el ciclismo con todo esto? Pues no mucho, aunque en su museo destaca una vitrina con trofeos ciclistas y unas imágenes que dan fe de que en Croke Park también finalizaron algunas pruebas ciclistas en los años 20.

Sólo le faltaba el ciclismo. Pedazo de historia. Croke Park pone el vello de punta.

jueves, enero 08, 2009

Fiorenzo Magni, el tercer hombre


Fue bonito hasta que dejamos de creer lo que veíamos. Era el Tour de 2001, uno de los 7 de Armstrong. Uno de sus gregarios favoritos se había emancipado. Hamilton se fue de casa y cogió los galones. Con el CSC corrió un Tour sensacional y ganó una etapa a la antigua, con un ataque lejano que nadie pudo echar abajo. Lo más increíble fue que esa victoria se produjo con la clavícula rota. Una proeza digna de otros tiempos. Digna, sin ir más lejos, del italiano Fiorenzo Magni. Mi gran amigo Luigi Candeli me explicó que hizo algo parecido en los años 50. Pero esto fue de verdad.
Esta es la historia de Fiorenzo Magni, el tercer hombre (traducción libre del artículo de Gianni Bertoli http://www.giannibertoli.it/S030.htm.)


“Los apasionados del cine y los mayores de sesenta años recuerdan sin duda “El tercer hombre”, película de de 1949 del director Carol Reed. Un thriller interpretado por Joseph Cotten, Alida Valli y un inolvidable Orson Welles. Tras la estela de este éxito, se pensó atribuir el apelativo de “el tercer hombre” a Fiorenzo Magni, tercer hombre del ciclismo italiano tras Bartali y Coppi.
El campeón toscano será conocido, de 1951 en adelante, con el sobrenombre de “El león de Flandes”, después de haber vencido y dominado la gran clásica belga por tres años consecutivos: 1949, 1950 y 1951. Eran los tiempos en los que se iba en tren con una maleta de fibra y con la bicicleta como equipaje, un billete numerado con la ciudad de destino. Se afrontaba la aventura sin técnico, sin mecánico y sin masajista. Alguna vez con algún gregario para hacer compañía. El Tour de Flandes era la carrera perfecta para las dotes de rodador potentisimo de Fiorenzo Magni que sabía afrontar la carrera con el máximo de concentración y de agudeza táctica.
Inteligencia, coraje y capacidad de sufrimiento fueron sin duda las grandes cualidades de Magni y por ello se le llamaba Fiorenzo Corazón de León. Para intentar competir con los otros dos (Coppi y Bartali) tenía que intentar aprovechar al máximo todas las ocasiones que tenía y la rivalidad que había entre ellos. Su estructura física los limitaba a una defensa extenuante en las grandes subidas, donde trataba de limitar los daños, para luego lanzarse a tumba abierta en el descenso.
Y fue así que consiguió el Giro d’Italia de 1948. El recorrido de la carrera rosa no tenía muchas subidas imposibles para un rodador como él. La etapa mas dificil habria sido la antepenúltima Cortina-Trento, con el Pordoi a cuarenta kilómetros de la llegada. Corria la voz de que Coppi y Bartali, habiendo decidido centrarse en el Tour de Francia, habrían decidido no esforzarse tanto en el Giro d’Italia, intentando jugárselo todo en la etapa reina dolomítica. En el caso de Bartali estaba más claro puesto que había renunciado al Tour de Suiza, mientras en el caso de Coppi al parecer estaba atravesando uno de sus recurrentes períodos de abulia, hasta el punto que finalmente ni siquiera fue al Tour de Francia.
Magni, aprovechando al máximo la situación, consiguió en la primera parte del Giro aventajar de forma consistente a sus dos rivales. Además, Gino Bartali se cayó en una de las primeras etapas y debía pensar más en sus problemas físicos que en dar batalla. Y así se llegó a la etapa Cortina-Trento con Ezio Cecchi con la maglia rosa, Magni a tiro de piedra y “los otros dos” con varios minutos de retraso.
En la cima del Pordoi, Magni pasó con más de 5 minutos de retraso sobre un Coppi por fin a la altura de las circunstancias. Se lanzó furiosamente en su persecución y llegó a Trento a menos de 3 minutos de Coppi. La maglia rosa era suya. Y ese fue el problema. La Bianchi reclamó porque Magni había recibido empujones en el Pordoi. Fue penalizado con 2 minutos y sin embargo mantuvo la maglia rosa por 11 segundos sobre Cecchi. La Bianchi consideró insuficiente la sanción y decidió abandonar el Giro el equipo al completo en señal de protesta.
Magni venció el Giro pero su alegría se desvaneció en la amargura. Recorrió las últimas dos etapas entre los silbidos y los insultos del público, y en el velodromo Vigorelli de Milan debió interrumpir la vuelta de honor al ver que el público lo escupía y que lo habia recibido al grito de “Fascista! Fascista!”.
Sinsabores y poca fortuna fueron factores recurrentes en la vida de Fiorenzo Magni. Nacido en Vaiano di Prato el 7 de diciembre de 1920, descubrió que podía ser ciclista ya con 17 años, cuando en una bicicleta de segunda mano podía aguantar a notables ciclistas profesionales como Bini y Cipriani. Y aquí llegó el primer golpe de mala suerte, la muerte de su padre. Para el joven Fiorenzo cambió la vida. Con coraje afrontó la situación y a pesar de las dificultades, siguió corriendo en bicicleta.
La primera confirmación llegó en 1940, con la guerra ya iniciada. El 10 de noviembre participó en el Giro de la provincia de Milan, haciendo pareja con Vito Ortelli neoprofesional por entonces). La carrera se disputava contra el reloj por parejas y consiguieron impornerse a parejas como Bartali-Favalli o Coppi-Ricci. Esta victoria le valdría un contrato de profesional en el equipo Bianchi, pero la guerra echó por los suelos todos sus sueños.
En 1945, acabada la guerra, vuelve a correr con el Pedale Monzese, pero la mala suerte vuelve a golpearlo. En el oscuro clima de la postguerra, se lanzan acusaciones sobre él hasta el punto de ser enviado a juicio por colaboración con banda armada por los hechos provocados por los neofascistas en Valibona, en la Toscana. La Unión Velocipedistica Italiana, suspende a Magni sin esperar el resultado del tribunal.
Aunque sale absuelto, pierde la temporada 1946 por entero. Con gran voluntad se siguió entrenando, pensando siempe en su retorno. En 1947 pronto destaca quedando séptimo en la Milan San Remo que venció Bartali sobre Cecchi. Vence en los Tres Valles varesinos y fue noveno en el Giro d’Italia, donde se convenció de poder ganarlo algún día.
Además de aquel amargo 1948, Magni coinquistó dos maglias rosas más: en 1951 controlando la carrera de principio a fin, y en 1955 con una histórica fuga con Coppi en la penúltima etapa, Trento-San Pellegrino, cuando la victoria final parecía ya en manos del joven Gastone Nencini.
Para volver a la mala suerte de este gran campeón, debemos recordar la retirada de la selección italiana en el Tour de 1950 por los hechos acaecidos en el Col d’Aspin. Magni era maillot amarillo después de los Pirineos. Faltaban todavía los Alpes, quizas no hubiera llegado a París, pero seguro que lo hubiera dado todo.
Tampoco el Campeonato del Mundo fue afortunado para Magni. En 1951, en Varese, parecía ya hecho: Magni estaba entre los ocho escapados que se iban a jugar el título al sprint. Con él estan otros dos italianos: Toni "Labròn" Bevilacqua y Giuseppe "Pipaza" Minardi, pero Minardi está exhausto y Bevilacqua, campeón del mundo de persecución en pista, quiere jugar sus bazas. Resultado: primero el suizo Ferdi Kubler, segundo Magni, tercero Bevilacqua. En 1954, en Luxemburgo, sprint de todo el pelotón. A Magni se le rompe el sillin y finaliza cuarto. Vence el desconocido aleman Heinz Muller. En 1956, en Copenaghe, circuito llano que finaliza con una escapada de 12 corredores. Primero Rik Van Steenbergen, segundo Rik Van Looy, duodecimo Magni a 30".
También la meta de Sanremo ha sido esquiva con Magni. A él le hubiera gustado la subida al Poggio y sobre todo su bajada. Su mejor resultado fue un segundo lugar en 1956, a contrapie del belga Fred De Bruyne.
1953 podía haber sido el año para ganar en Lombardía. Llueve a cántaros. Entra en Milan un grupo d de escapados entre los que Magni es seguramente el más rápido, pero de nuevo la mala suerte. Por la llivia la llega se traslada del velódromo de Vigorelli a la vecina calle Giovanni da Procida. Algunos cientos de metros antes de la meta, una señalización errónea hace que algunos corredores, entre los que está Magni, se equivoquen de calle. Primero es Bruno Landi, que solamente obtendría tres victorias en toda su carrera. Magni considera responsable a Torriani y durante algunos años, no le dirigirá la palabra.
Más allá de sus 79 victorias y de sus innumerables muestras de carácter, quizas la más grande gesta de Magni se produjo en el Giro d’Italia de 1956. En la etapa Grosseto-Livorno, cae en un descenso y se fractura la clavícula izquierda. El abandono parece inevitable. El día siguiente hay descanso y después la etapa Livorno-Lucca, 54 kilómetros contra reloj. Su mecánico Masi recubre el manillar de gomaespuma, le pone pomada con novocaina t sale a correr! El viejo león llega entre los 10 primeros. Dos días más tarde está prevista la cronoescalada de Bolonia al Santuario di San Luca. Magni no puede hacer fuerza sobre el manillar y entonces Masi tiene otra idea genial: quita el aire de un tubular, lo retuerce y fija un extremo al manillar mientras el otro extremo lo sujeta Magni con los dientes que, así, puede “tirar” del manillar. La mala suerte se ceba en Magni y en la etapa de Rapallo cae de nuevo sobre el hombro izquierdo y se fractura el húmero. ¡Y sin embargo no se retira! Sólo quedan cuatro etapas para finalizar el Giro y en la etapa Sondrio-Merano se escala el Stelvio. Magni no puede frenar con la mano izquierda. ¡Debe bajar el Stelvio frenando con la mano derecha y con los pies! En Merano primero es Cleto Maule, segundo Fiorenzo Magni. El Giro parece terminado con la victoria de Pasqualino Fornara, y en cambio al día siguiente se produce la mítica etapa del Bondone. Bajo la nieve, en una atmosfera irreal, se retira Fornara. Se retira también De Filippis, por unos kilómetros maglia rosa virtual. Learco Guerra, director del equipo Faema, para a Charly Gaul y lo mete en una tinaja de agua hirviendo. Gaul vence la etapa y el Giro, Magni es tercero en el Bondone y segundo en la clasificación general final. Una ver terminado el Giro debe llevar 40 días de yeso para curar sus fracturas.
Esta es la pasta de que estaba hecho Fiorenzo Magni “Corazón de León”